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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 630

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 3. Condiciones

“¿Quieres sobrevivir?”

Era una pregunta cruel, y aunque Ainara era muy consciente de la frialdad y el desprecio en el tono del Mauro, aun así la respuesta era “Sí”.

—A mí… —repitió mientras sus ojos se perdían en el techo de la habitación—. ¿Y qué podría querer el señor Keller de una mujer moribunda?

No se habían visto en diez años, pero ella había seguido toda su trayectoria. Quizás por despecho, quizás porque todavía no lograba entender cómo el que parecía ser el chico ideal, amable, y dulce, había roto cada juramento que le había hecho, acostándose con otra mujer. Pero por desgracia el historial de Mauro solo confirmaba que seguía siendo un chico malo al que esporádicamente se le veía rodeado de mujeres pero sin formalizar con ninguna, incluyendo su querida Charmaine.

—Lo que yo quiero es simple —murmuró Mauro—. Te quiero a ti. Necesito una amante a tiempo completo, y no es que no pueda pagarte… porque no creo que sigas valiendo tanto, el caso es que no quiero.

Ainara lo miró con una expresión llena de dolor, pero ni siquiera respondió a eso.

—¿Algo más que quiera Su Majestad? —siseó mientras las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.

—Sí, vas a vivir bajo mis términos, bajo mis condiciones, conmigo —sentenció él poniendo el contrato en su mano y acercándole una pluma—. No esperes reconocimiento público porque ese no será tu trabajo. Estarás disponible para lo que yo necesite y siempre que yo lo necesite. Te proveeré con suficiencia para que no te falte nada y tendrás todos los cuidados y atenciones que necesites. Pero eso sí, los días de libertad se terminaron.

Ainara frunció el entrecejo sin comprender a qué se refería.

—¿Qué…? ¿Qué quieres decir? —balbuceó la muchacha y Mauro se inclinó hacia ella.

—No vas a volver a nadie de tu vida actual, ni amigos, ni familia, ni amantes —sentenció—. Y mucho menos te quiero cerca de Rosso. Vas a desaparecer, como si jamás hubieras existido, y el único hombre que podrá verte, hablarte y decidir sobre ti, seré yo. ¿Entendiste?

Ainara pasó saliva cerrando los ojos, las náuseas comenzaban a ser demasiado fuertes y el frío en su cuerpo era tan hondo que sabía que no le quedaba demasiado tiempo para decidir.

—Pena de muerte o cadena perpetua. ¿Es así? —susurró mientras solo veía resolución en los ojos de Mauro.

—Exactamente así. Tan psicópata como que si salvo tu vida es únicamente para que me pertenezcas. Así que te pregunto de nuevo: ¿Quieres sobrevivir? —la increpó y solo vio el movimiento lento y doloroso de su mano mientras intentaba firmar aquel papel.

No quería morir. No había tenido la mejor vida de todas, pero definitivamente no quería morir. Ainara tembló mientras la pluma caía de su mano y Mauro recogía el documento para guardarlo en el bolsillo de su saco.

—¿Puedo preguntarte cómo piensas salvar mi vida en solo unas horas? ¿Crees que serás capaz de conseguirme un hígado nuevo? —susurró y lo vio negar antes de dirigirse a la puerta.

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