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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 633

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 6. Una mujer difícil

La había conocido en la calle, en una de esas calles de Zúrich donde los chicos ricos iban a correr sus autos caros, porque el tránsito era mínimo y los policías que patrullaban en las zonas más feas de la ciudad eran fácilmente sobornables.

Mauro la había visto incómoda, nerviosa y hasta cortante. No dejaba que los chicos de su edad se le acercaran, y aunque realmente era muy hermosa, tenía un carácter áspero y desafiante que denotaba mucha desconfianza o poca instrucción.

Luego lo supo, cuando la siguió hasta un edificio no muy lejos de allí. Ainara Jáuregui era descendiente de emigrantes, o al menos de parte de su madre así era. No había conocido a su padre y asistía a una escuela pública donde casi casi tenían que registrar a los chicos para asegurase de que no llevaran armas.

Arisca, desconfiada, lista siempre para dar pelea. Pero aun así tenía el corazón más tierno del mundo, y eso había hecho que Mauro se enamorara de ella hasta los huesos. Seis meses y toda su fuerza de voluntad le había tomado conquistarla, porque ella parecía estar muy segura de que él terminaría echándolo todo a perder… y desde su punto de vista, Ainara no se había equivocado.

Respiró hondo cuando le entregaron sus documentos y una pequeña maleta con unos pocos efectos personales, y para cuando atravesó la puerta de la clínica, no era Mauro quien la estaba esperando, sino un chofer muy atento que la ayudó a subir a una camioneta de cristales entintados y la llevó a un lujoso departamento en la zona más exclusiva de la ciudad.

Él ya la estaba esperando, pero si Mauro creía que aquel grado de lujo iba a significar algo para Ainara, muy pronto se dio cuenta de que la chica con lengua de látigo seguía sin ser impresionable.

—El departamento tiene seis habitaciones… —comenzó a decir él y Ainara se paró casi en firme como militar para prestarle atención.

—Para lo que vamos a hacer con una basta —declaró y Mauro la miró a los ojos, porque no veía ni una gota de resignación en ella y sí mucho desafío.

—En el vestidor principal están todas tus cosas, desde joyería hasta zapatos, y mandé a comprar toda clase de atuendos apropiados para ti, de las mejores marcas, espero que te gusten —gruñó él y la vio sonreír.

—Para lo que vamos a hacer, creí que no necesitaría ropa, pero si ahora te van los juegos de rol y los fetiches, yo no tengo problemas con el cuero —sentenció Ainara con tanta naturalidad que pensó que Mauro explotaría como una granada en verano de lo rojo que estaba.

—Vas a tener servicio disponible las veinticuatro horas —siseó él al borde del colapso—. Vendrán a hacer las labores cuando lo ordenes y se irán cuando lo ordenes.

—Tres días a la semana está bien, para lo que vamos a hacer, ya tengo cuatro ocupados en la agenda —le sonrió ella y aquella fue la gota que derramó el vaso.

—¡Para lo que vamos a hacer! ¡Para lo que vamos a hacer! ¿¡Podrías dejar de repetir eso de una maldit@ vez!? —le espetó con molestia pero la única respuesta de la muchacha fue encogerse de hombros mientras se acercaba a él,

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