ROJO PROMESA. CAPÍTULO 8. Un servicio de alto “standing”
Decir que el aliento se le iba en una sola sacudida era poco. El cuerpo de Ainara había cambiado mucho en diez años, definitivamente había ganado peso en curvas, su piel se veía tirante y cálida sobre músculos suaves. Era maciza, mujer, Mauro no sabía cómo definirlo pero quizás esa era la palabra: se había convertido en una mujer, y en sus ojos ya no quedaba ni el rastro de la inocencia de la que él había creído enamorarse.
Llevaba un pequeño camisón rojo que no intentaba seducir, pero aun así el hombre no pudo evitar que aquella m*****a foto volviera a su cabeza, la de la prostituta vestida de rojo en la página web…
—¡Maldición! —gruñó caminando hacia ella con pasos lentos y una negativa silenciosa, y un segundo después su boca se estampaba contra la de Ainara, rompiéndole aquel camisón encima sin contemplaciones.
Era dulce y amarga a la vez. Los recuerdos le dolían y aun así el deseo era más fuerte que él. La piel de Ainara era fuego contra la suya y las manos de Mauro fueron a cerrarse sobre sus nalgas con posesividad mientras hundía la lengua en su boca y devoraba cada pequeño gemido que escapaba de ella.
Había pagado sobrado y suficiente por aquel momento, y aunque se decía que la había comprado, que tenía el control, que la estaba obligando a hacer aquello, la fiereza con que aquella mujer hizo saltar los botones de su camisa le demostró algo muy diferente.
Mauro cerró los ojos cuando la sintió lamer su pecho despacio, acariciando su vientre y rozando despacio la cicatriz de la operación antes de bajar hasta su cinturón, aquel sonido los hizo estremecerse a los dos y él ahogó un gruñido de satisfacción cuando la sintió abrirle la bragueta y meter la mano debajo del boxer oscuro.
—¡Joder! —siseó cuando aquella caricia se mezcló con una mordida de deseo y un segundo después Mauro caía sobre el sofá con ella encima.
La tela de las bragas era ínfima, así que podía sentir toda la humedad que estaba creando en Ainara, sin embargo no era suficiente. No quería dejarla dominar, no quería dejarla satisfacerlo como y cuando ella quisiera, así que lo siguiente que desapareció fue el brasier y la muchacha soltó un grito de sorpresa cuando los dientes de Mauro se cerraron sobre uno de sus pezones con gesto goloso.
El latigazo en su entrepierna fue imposible de evitar mientras él la estrechaba con posesividad y sus caderas comenzaron a moverse incluso inconscientemente. ¿Lo deseaba? ¡Claro que sí! ¿Igual iba a vengarse de él? ¡Sin lugar a dudas! Pero eso no cambiaba el hecho de que le había entregado su vida y que lo haría arrepentirse por traicionarla.
Así que se dejó llevar por cada una de las sensaciones, se permitió desear, disfrutar, permitió que su piel se erizara y todo su cuerpo cediera hasta el instante mismo en que sintió sus dedos jugando sobre su clítoris antes de hundirse en su sexo con un gesto rápido y profundo.
—¡Diablos! —susurró desesperada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....