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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 636

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 9. Curiosidad

Ainara contuvo el aliento, pero ni por un instante se dejó amedrentar. Mauro podía saber a dónde había ido, pero no qué había hecho, porque en más de diez años ni los mejores investigadores habían podido descubrir qué era exactamente lo que hacía cuando iba a ese lugar.

Así que respiró profundo, pasó a su lado palmeándole el hombro como si no le importara, y empacó una maleta pequeña. Estaba lista en menos de diez minutos y aunque estaba enojado hasta el infinito, aun así fue un caballero para ayudarla a subir a la camioneta.

Ainara podía verlo en su mirada, quería asfixiarla con sus propias manos, pero estaba lo bastante bien educado como para hacerlo en los momentos más íntimos y peligrosos.

Así que casi tres horas horas después la dejaba en un hotel de lujo en el mismo centro de la ciudad capital y se marchaba para hablar con quien estaba a cargo del proyecto de construcción del nuevo hospital.

Ainara no tardó en acomodarse y dormirse, y al día siguiente no le extrañó que Mauro apenas pasara por la habitación a bañarse y cambiarse de ropa.

—¿Tan mal están las cosas? —preguntó la muchacha extendiéndole una taza de café mientras él se afeitaba, con medio torno mojado por el agua que le caía del cabello y una toalla enrollada en las caderas.

Mauro dudó por un segundo, pero luego sonrió con sarcasmo en su dirección.

—¿Eso también es parte de tus servicios? —la increpó.

—Las profesionales exclusivas cumplimos todo tipo de funciones —replicó ella con naturalidad—. El precio no es solo por el cuerpo, niño bonito, también es por el cerebro y aunque no lo creas yo me he encargado muy bien de entrenar el mío. He resuelto más de un asunto desde mi anonimato, así que… sí, puedo escucharte si lo necesitas.

Mauro apretó los dientes porque era la primera vez que la escuchaba admitir que se vendía, pero finalmente era cierto que necesitaba desahogarse y tampoco era algo que no pudiera saberse.

—Nos rechazaron la licitación de un terreno donde íbamos a construir uno de los nuevos hospitales. Costó meses conseguirlo y al final resultó que el abogado a cargo de la licitación se confundió con los planos del arquitecto y licitó un espacio menor, así que ahora tengo dos opciones: mando a rehacer los planos y construyo un hospital más pequeño, o detengo el proyecto del hospital y Berna se queda sin la cálida presencia de los Keller.

Ainara cruzó los brazos, apoyándose en el marco de la puerta y mirándolo a través del espejo.

—¿Y no puedes conseguir otro terreno? —le preguntó.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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