ROJO PROMESA. CAPÍTULO 10. Ve tomando nota
Mauro jamás se habría creído capaz de aquella exigencia hasta que al día siguiente vio pasar de nuevo un cargo enorme en su tarjeta de crédito. Más de cinco mil francos de un tirón, pero aunque no le dolían y no iba a hacer la estupidez de preguntarle en qué se los gastaba, sí le aguijoneaba el hecho de que Ainara no se estuviera cortando ni un poco, ni siquiera para hacerse la buena o… ¡o al menos hacer menos evidente que aquello era una transacción!
Llamó al número de teléfono que le había dado y la escuchó contestar de inmediato.
“¿Mauro?...”
—Anoche llegué muy tarde y fui lo suficientemente caballeroso como para dejarte descansar —siseó él con molestia—. Pero como es evidente que ya lo hiciste, dile al chofer que te traiga a la oficina, necesito que te ocupes de mí.
El silencio que se hizo del otro lado fue sepulcral, pero muy breve, hasta que solo escuchó un asentimiento que intentaba no ser demasiado… ¿risueño?
“Voy para allá”.
Mauro parpadeó despacio, le habría hecho un escándalo si no hubiera accedido y le habría recordado que estaba pagando por ella; ¡y ahora quería hacerle un escándalo por acceder y confirmarle que estaba pagando por ella!
—¡Maldición! —gruñó para sí mismo, pero un segundo después había mandado a todos a volar y para el momento en que Ainara llegó, no había ni un solo empleado perdido en todo el piso de oficinas.
La muchacha taconeó con seguridad por el pasillo y Mauro sintió que se le hacía un nudo en el estómago solo con verla aparecer. La enorme puerta de estilo medieval se cerró tras ella con seguro y Ainara puso su mejor sonrisa (aunque él no lo supiera una sincera) y se acercó a Mauro con un suspiro coqueto, dejando un café recién hecho sobre el escritorio y un beso dulce y profundo en sus labios.
—¿Estás preocupado? —le susurró tocándolo por debajo del saco y sintió cada músculo tenso.
Su boca buscó su cuello y le abrió la camisa con cuidado, mientras Mauro se apoyaba en aquel escritorio y cerraba los ojos. Si estaba listo para ordenar, parecía que iba a quedarse con las ganas, porque ni siquiera se acordó de eso cuando sintió sus labios bajando por su pecho y aquella mordida descarada en la curva de la V.
—¡Nena…! —se ahogó cuando la boca de Ainara se cerró sobre su miembro, engulléndolo todo como si pudiera sacarle la poca alma que parecía quedarle.
Pero no había reclamo ni gemido que hiciera efecto, porque Ainara estaba dispuesta a dominarlo aunque lo hiciera de rodillas. Su lengua lo recorrió como si fuera la cosa más deliciosa del mundo, y por un segundo se deleitó con el cambio. Él también se había convertido en un hombre diferente después de diez años. El chico flacucho había quedado atrás, y eso que ahora se empujaba hasta el fondo de su garganta también había cambiado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....