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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 645

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 18. Mi pareja esta noche

Aquel era el colegio más exclusivo de toda Suiza, a donde iban los hijos de los magnates, de los políticos, de los mejores abogados del país. Y en ese colegio se habían conocido los cuatro: Lugh y Cassiel habían sido sus amigos desde el jardín de niños, y aunque las ideas eran suyas, la mayoría de las veces el que tenía el dinero para llevarlas a cabo era Mauro.

Y nadie sabía cómo había llegado Charmaine al grupo, solo que como cualquier Keller, las chicas parecían seguir a Mauro como moscas.

Por desgracia, lo que sí todos recordaban era como habían conocido a Ainara Jáuregui; y ella estaba más que segura de que después de esa noche nadie volvería a olvidarla.

Hizo la llamada pertinente, esa que había estado demorando en los últimos meses y sonrió mientras escuchaba la voz inquieta del otro lado preguntándole dónde estaba.

Cuando terminó de darle la dirección y colgó, escogió un vestido de esos que estaban envueltos en una cubierta protectora y eligió un labial del mismo tono rojo sangre. Se calzó unos zapatos plateados y se puso un juego de gargantilla y aretes discretos y elegantes.

Para el momento en que estuvo lista, ya la limusina que había rentado estaba esperándola en la puerta del hotel, y no hubo hombre, mujer o espíritu en aquel evento que pudiera evitar volver la cabeza cuando la vieron entrar.

Si Charmaine creía que sería la reina de la noche por ir colgada del brazo de Mauro, que la había hecho traer desde Zúrich, toda sonrisa se borró de su rostro al ver a la mujer que estaba entrando por la puerta.

—¡Pero qué diablos…! ¡Mauro, ¿qué está haciendo esa tipa aquí?! —chilló la mujer entre dientes y él se quedó mudo al ver a Ainara caminar entre la gente con la confianza de una diosa.

Aquel vestido rojo le quedaba como un guante, acentuando sus curvas y dejando al descubierto una de las largas y torneadas piernas. Llevaba el cabello recogido a un lado en una trenza ancha que cruzaba su cabeza y le caía sobre el escote del pecho.

Mauro jamás en su vida la había visto tan hermosa, y aun así la sangre le hirvió cuando se dio cuenta de que la primera persona que se acercaba para saludarla y llevarle una copa de champaña era el Senador Rosso.

—Ahora vengo —gruñó Mauro soltándose de la mano de Charmaine, pero la mujer lo retuvo con fuerza.

—¿Qué haces? ¿Vas a dejarme sola por esa tipa…? ¡Mauro! —intentó detenerlo, pero antes de que él pudiera replicarle, ya la pequeña escena había llamado la atención de Ainara, que le dedicó una sonrisa al Senador antes de caminar hacia ellos con paso firme.

—¡Charmaine, querida! ¡Cuántos años sin verte… y el disgusto sigue siendo el mismo! —saludó Ainara con una mueca llena de desprecio que no se molestó en disimular.

—Ainara ¿qué diablos estás haciendo aquí? —siseó Mauro mirándola con severidad, pero ella se bebió media copa de champaña de un sorbo sin inmutarse siquiera.

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