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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 647

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 20. Verdades y mentiras

—¡Ainara, basta! —exclamó Lugh y en el mismo instante Mauro lo señalaba con rabia.

—¡No te atrevas a levantarle la voz! —lo retó—. Mejor respóndele. ¡Dilo! ¡Si es verdad que la conociste antes que todos, si es verdad que tu padre…! ¡¿Qué demonios tenía que ver tu padre con ella, Lugh!?

Mauro ya no entendía nada, ¡pero quería respuestas y las quería ya!

—Eso no es asunto tuyo —siseó su amigo—. ¡Tú terminaste con ella! ¡Tú te largaste! ¡Yo me quedé!

—¡Yo terminé con ella por lo que tú me dijiste! ¡Por lo que ustedes…! —se giró hacia Charmaine, que estaba más roja que una granada, y negó con rabia—. ¡Por lo que ustedes me mostraron…!

—¡Ah sí! ¡No olvidemos la paginita de putas! —exclamó Ainara levantando su copa—. ¿Eso también fue idea tuya, amor? ¿A quién se le ocurrió hacer que pusieran una foto mía con un vestido rojo en una página de prostitución? ¿Eso también lo hiciste tú?

Mauro miró a Lugh y vio cómo los ojos del hombre se dirigían inconscientemente hacia Charmaine.

—¿Tú…? —gruñó Mauro con el corazón estrujado porque todo aquello parecía salir a la luz, mentira tras mentira.

Era evidente que no podían negárselo a Ainara en su cara, como también era evidente que todos ellos estaban al tanto de algo que él no.

—¡Yo solo…! ¡Tú no tenías nada que hacer con ella, Mauro, entiéndelo! ¡Ella no era nadie, no es nadie…! ¡Y tú eras…! ¡No tenías que estar con una doña nadie como ella!

—¡Entonces sí sabías quién era! —exclamó Ainara con una carcajada—. Te lo confieso, Charmaine, hasta ahora me pareció muy ingenioso eso de ponerme Red como nombre de puta, pero ahora entiendo que Lugh te lo dijo todo. ¿No es cierto?

Lugh se restregó la cara con impotencia, pero Mauro ya estaba al borde del colapso.

—¡¿Quieren acabar de decirme qué demonios está pasando?! ¡¿Qué carajo tiene eso de ingenioso, Ainara!? ¡¿Qué…?! —estalló, pero se detuvo cuando la vio suspirar con cansancio.

—Que Red es mi apellido real y Lugh siempre lo supo, Rojo, Red…

Mauro sintió que el corazón se le detenía mientras aquellas variaciones de la misma palabra en diferentes idiomas lo golpeaba como un disparo en pleno pecho.

—Rosso… —terminó con voz ahogada mientras sus ojos se cristalizaban y miraba a Ainara a los suyos—. No… El Senador es tu…

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