ROJO PROMESA. CAPÍTULO 21. Rojo promesa
Aquel definitivamente era un mal día para llamarse Mauro Keller. Tenía encima una gala de inauguración de dos hospitales, toda la prensa del país encima, una traición de diez años a cuestas y la dolorosa certeza de que había perdido al amor de su vida.
Y aun así, por más obligaciones que tuviera o por más que quisiera terminar de romperle la cara al desgraciado de Lugh, sus prioridades estaban muy claras y lo hicieron salir corriendo por el mismo pasillo por donde había desaparecido Ainara.
—¡Tú y yo vamos a ajustar cuentas más tarde, cabrón traidor! —escupió en dirección a Lugh antes de irse, y a Charmaine no le dijo nada porque parecía que la bofetada de la muchacha ya la había dejado tragando la sangre de su propia lengua.
Ainara estaba aliviada. No tenía otra palabra para describir la forma en que se sentía, porque “feliz” indudablemente no era la correcta, pero estaba tranquila de poder darle respuesta por fin a aquella incertidumbre que había tenido durante tantos años.
Se dirigió a la puerta porque ya no tenía nada que hacer en aquel evento, pero no llegó a marcharse, porque una mano tiró de su brazo y un segundo después Mauro la arrastraba hasta uno de los jardines posteriores del salón de eventos.
—¡Escúchame! ¡Escúchame por Dios! ¡Tienes que escucharme, Ainara…! —suplicó él con tono desesperado y la muchacha respiró profundo antes de plantarse frente a él y levantar la barbilla, mirándolo a los ojos.
—Tu dirás —dijo con suavidad.
Con alguien tan dominante como Mauro, era muy difícil no tener una conversación como aquella, donde él soltara todo lo que estaba ahogándolo sin importarle que ella quisiera escucharlo o no.
—¡Yo no sabía! —exclamó mientras su respiración se hacía pesada por la impotencia y la frustración—. ¡Yo no tenía idea, Ainara! ¿Por qué nunca me dijiste que eras hija de Rosso? —la interrogó y Ainara se encogió de hombros.
—No podía. El padre de Lugh le hizo firmar a mi madre un contrato de confidencialidad, el Senador se encargaría de su tratamiento contra el cáncer siempre y cuando nosotras no mencionáramos eso —respondió—. No podía decirte.
Mauro se restregó la cara con ademán desesperado y negó.
—¡¿Ni siquiera cuando te vi con Rosso?! ¡¿Ni siquiera cuando lo vi dándote dinero y creí que de verdad eras una prostituta?! —la increpó Mauro sin poder comprenderlo, pero la sonrisa que subió a los ojos de Ainara era gélida.
—¿Y para qué te lo iba a contar? O mejor dicho… ¿me diste tiempo de contártelo? —replicó ella y Mauro sintió que su aliento se cortaba por completo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....