ROJO PROMESA. CAPÍTULO 22. Un infierno
Quizás lo único que podía interrumpir el silencio tormentoso que había en aquel jardín eran esos tacones inoportunos de una de las organizadoras que estaba buscando a Mauro como loca.
—¡Señor Keller! Ya es la hora de su discurso, los invitados se están impacientando.
—Necesito cinco minutos más —respondió él sin mirarla.
—Pero es que…
—¡Que esperen! ¡Que beban más champaña! Esto es una fiesta ¿no? ¡Pues que sigan festejando y yo llegaré a dar el discurso cuando llegue! —gruñó Mauro con impaciencia y el silencio volvió cuando la mujer se apresuró a largarse a cumplir su orden.
Sin embargo en el fondo sabía que ni cinco, ni diez ni veinte minutos ni todo el tiempo del mundo alcanzaría para convencer a Ainara de que no se fuera. Y por alguna extraña razón sentía que en el mismo momento que la perdiera de vista, ella desaparecería para siempre.
—Ainara… necesito que te quedes, por favor, esta conversación no puede terminar aquí… —dijo él con inquietud—. Quédate, acompáñame a…
—¿Estás loco o te cayó mal la bebida? —replicó la muchacha parándolo en seco—. ¿Qué harías con una mujer como yo colgada de tu brazo? Eso no se vería nada bien frente a la prensa.
—Por favor…
—Ya sabes que yo soy una puta, pero sigo siendo una hija ilegítima, sin apellido, sin nada… Charmaine, por el contrario, es la hija del diputado Rothchild, pertenece a una buena familia, es una mujer educada, formal, ya sabes… respetada —siseó Ainara usando contra él sus propias palabras—. Es la acompañante perfecta para ti, así que cuélgala de tu brazo y disfrútala, porque eso es todo lo que obtendrás.
Mauro apretó los labios en un mudo gesto de desesperación cuando la vio darle la espalda, y el vuelo de aquel vestido rojo fue lo único que quedó mientras se alejaba con la seguridad de una mujer que ha decidido dejarlo todo atrás.
Un yunque sobre el pecho del hombre hubiera pesado menos, pero sabía que justo en aquel instante lo que menos podía provocar era un escándalo, mucho menos un escándalo que la involucrara.
Volvió adentro y dio el mejor discurso que pudo, y la culpa no dejó de carcomerlo ni un solo segundo, sabiendo que aquellas felicitaciones por el hospital adicional en los barrios pobres de Berna, solo eran gracias a ella. Lo estaba construyendo por Ainara y solo lo había conseguido gracias a su ayuda, porque era evidente que tenía una enemiga que se había empeñado en obstaculizarle el camino.
El resto de la noche fue un maldito infierno para él. Lo único que quería hacer era regresar al hotel, regresar a la suite y encontrarla allí, discutir con ella, arrodillarse a sus pies, soportar la paliza que se merecía… ¡ya no le importaba! Lo único que le importaba era que estuviera allí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....