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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 651

ROJO PASIÓN. CAPÍTULO 24. Lo conocido y lo… inesperado

Había un punto cercano entre la desesperación y la culpa que no dejaba a Mauro pegar los ojos. Ni siquiera sabía cuándo había sido la última vez que había dormido, pero sí estaba seguro de que la última vez que había descansado, había sido solo entre los brazos de Ainara.

Un millón de recuerdos le llegaron a la mente de hacía diez años, todo lo que había pasado, la forma en que había roto su corazón, porque ahora entendía que eso era exactamente lo que había hecho.

Había roto su promesa, había lastimado a Ainara exactamente como su padre la había lastimado y en los últimos meses había pretendido mantenerla como una amante en las sombras, exactamente lo mismo que había sido su madre toda su vida.

—¡Si es que hay que ser muy idiota! —exclamó furioso golpeando el volante, pero el salirse un poco de la carretera fue lo que lo hizo volver a prestar atención antes de provocar un accidente.

Llegó a Zúrich antes del mediodía y solo llamó a su padre para avisar que estaba de regreso. Al final él no tenía que ver directamente en el proceso de construcción así que no hacía falta allá. Zúrich era donde tenía que estar, buscando a Ainara hasta debajo de las piedras, pero pronto se dio cuenta de que no sería tan sencillo.

Aquella dirección que el Senador Rosso le había dado, ciertamente estaba a nombre de Ainara, pero no significaba que ella estuviera allí. Mauro estuvo haciendo guardia frente a aquel departamento durante tres días y no la vio entrar o salir ni una sola vez. Finalmente localizó a su casero y puso tres mil francos en sus manos con expresión determinada.

—Todo lo que tiene que hacer es abrir esa puerta —le dijo al borde de la desesperación—. Puede decir que yo le enseñé una placa y le dije que era policía, me da igual.

El casero tomó sus tres mil francos sin chistar y le abrió con la llave de reserva del departamento.

Mauro entró preparado para todo, menos para verlo… casi vacío. O sea era un departamento común, minimalista, ordenado, pero no había detalles personales en él. Había ropa en el vestidor y comida en la alacena, pero ni un solo rastro de que Ainara fuera la persona que vivía allí.

Mauro se quedó pensativo, recordando que la madre de Ainara solía coleccionar figuritas de acrílico de bebecitos, y sabía que la muchacha jamás tiraría nada que fuera de su madre, así que Rosso debía tener razón: Ainara tenía otro lugar donde nadie pudiera alcanzarla.

Respiró profundo antes de salir y una hora después se reunía con la única persona de la familia que podía ayudarlo a encontrarla realmente.

—¿Podría estar usando otro apellido aparte de Jáuregui? —preguntó su tío Jhon anotando en una pequeña libreta.

—No creo, es hija de Rosso, pero estoy seguro de que no usas su apellido para anda —sentenció Mauro bajando aquel trago de coñac que tanto necesitaba.

—Bien, bien… entonces voy a mandar a Billy a que saque cualquier rastro de ella en la red. ¿Ya revisaste direcciones antiguas para descartar?

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