ROJO PROMESA. CAPÍTULO 28. Un recuerdo aterrador
Ainara sintió que el corazón le bombeaba en el pecho de una forma que ya no podía controlar. Ni siquiera hizo el escándalo por que Mauro la hubiera estado siguiendo desde que había salido de su departamento: era un idiota traidor, pero eso solo se remitía al aspecto romántico. Por más que lo detestara a veces, estaba segura de que era un hombre con una calidad bastante alta.
Miró por el retrovisor y a pesar de las luces altas de los coches fue capaz de distinguir aquella camioneta negra que estaba a solo unos pocos detrás.
—Mauro… ¿qué…? ¿Qué está pasando? —murmuró mientras sus ojos se concentraban en la pequeña June, que venía dormida en la parte de atrás.
Por un instante solo se escuchó una maldición entre dientes y luego la voz del hombre le llegó absolutamente segura.
«Ainara, escúchame muy bien» dijo él mientras intentaba mantener la calma. Sabía que en aquel vehículo iba una mujer, pero no estaba seguro de que pudiera ir alguien más. «Quiero que des una vuelta a la derecha en el siguiente semáforo, ¿de acuerdo? Y luego dos vueltas más a la derecha. Vamos a cerciorarnos de que sí te estén siguiendo, así que ve despacio, como si estuvieras buscando una dirección».
La muchacha soltó el teléfono sobre el asiento y en cuanto llegó al semáforo en rojo le conectó los manos libres para no despertar a June. Estaba tan nerviosa que sentía que las manos le temblaban, pero solo unos segundos después, cuando la luz se puso en verde, hizo exactamente lo que Mauro le había indicado.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó con un susurro ahogado mientras bajaba la velocidad y escuchó su tono más seguro.
«Sí, lo estoy. Va una mujer en esa camioneta, Ainara. La vi hablando con June y la señora Dorina en el parque. Parecía una mujer de alta sociedad. De las que solo pisarían ese barrio para hacer caridad», le contó Mauro porque sabía que hacerla hablar era la única manera de mantenerla tranquila.
Vio cómo Ainara bajaba la velocidad y daba tres vueltas en las esquinas, todas a la derecha, y aquella camioneta no paraba de seguirla. Aquello le daba una mala espina horrible, pero muy pronto vio que aquellos dos en los que tenía la vista clavada aceleraban con diferencia de microsegundos.
«¡Ainara! ¡¿Qué está pasando?!», la increpó asustado y aceleró también, porque de lo contrario los perdería en el tráfico.
—¡La conozco! ¡Maldición, la conozco! —exclamó ella con un nudo en la garganta que no podía tragar.
«¿A la mujer?»
—¡No, la maldit@ camioneta! —sentenció ella—. ¡O no sé… quizás no es la misma pero se parece… por Dios se parece…!
Ainara tenía las lágrimas al borde de los ojos porque aquello le traía algunos de los recuerdos más duros de su vida y no podía pasarlos por alto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....