ROJO PROMESA. CAPÍTULO 30. Enemigos ocultos
La vio llevarse las dos manos a la cabeza y negar con desesperación. Era hermosa, incluso tan angustiada como estaba era la mujer más hermosa que Mauro había conocido en su vida y nada podía cambiar eso, como nada podía cambiar el hecho de que estaba enamorado de ella hasta los huesos, siempre lo había estado y siempre lo estaría.
Tiró de su mano y la envolvió en un abrazo poderoso, sintiendo cómo empezaba a respirar más despacio, como si su calor pudiera tranquilizarla al menos un momento.
—Dime tú qué fue lo que pasó, porque te soy honesta, no entiendo absolutamente nada —murmuró la muchacha y Mauro la levantó por las caderas con un gesto firme para sentarla sobre la isla de la cocina.
Luego abrió la nevera y sacó una botella de vino fría, porque definitivamente los dos necesitaban respirar después de todo lo que había pasado.
—Para empezar la señora Dorina es completamente inútil en lo que respecta a la protección de June. No te digo que no sea una buena niñera o que no sea cariñosa, pero me dejó entrar a tu casa como si fuera la mía, y mientras estabas recogiendo las cosas para irte, me asomé a la ventana y vi a una mujer hablando con ellas en el parquecito.
Ainara frunció el ceño sin comprender.
—¿Eso te pareció raro? —lo increpó—. La señora Dorina es muy amable, la conoce todo el mundo…
—Sí, pero esa mujer no era “todo el mundo”, Ainara —replicó él—. Tú viste la camioneta que te seguía, una como esa no se baja de ochenta mil francos, y te garantizo que la mujer que iba en ella no tenía nada que hacer por tu barrio.
La muchacha apretó los labios con nerviosismo antes de beber un sorbo de vino a ver si eso la hacía entrar en calor. Durante un instante pasaron por su cabeza infinidad de posibilidades, porque le gustara o no, sabía que no todas las personas en el mundo estaban felices con su existencia.
—No soy de buscarme enemigos innecesarios —suspiró—. Pero ser una hija ilegítima, más si es de un hombre tan poderoso como un Senador, es nacer con un blanco en la maldit@ espalda. —Sus manos temblaron un poco mientras Mauro las sostenía y las acariciaba—. Rosso tiene una esposa que no es una mansa paloma.
—¿Sabe de ti?
—Sí, sí sabe de mí y supo de mi madre, pero la familia de ella patrocinó por años la carrera de Rosso y él a cambio les abrió el camino a muchos contratos muy rentables con el gobierno —le explicó Ainara.
—Básicamente lo que se llama “que una mano lave a la otra”.
—Más bien “que las dos manos laven el culo” —gruñó ella en respuesta—. Pero dentro de todo lo que Rosso puede hacer, supongo que es el grado mínimo de corrupción. Conclusiones, que a su mujer no le convenía que nada se supiera, y yo solo quería dinero para el tratamiento de mi madre, así que todos nos quedamos muy bien callados.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....