ROJO PROMESA. CAPÍTULO 33. Lo que sea
Ainara se restregó los ojos con frustración y trató de mantenerse ecuánime, pero sabía que sería del todo imposible.
—No me estás poniendo en ninguna posición vulnerable, Mauro, al menos no con respecto a ti —susurró con cansancio mientras se sentaba en uno de los sofás y él encendía aquella chimenea en medio de la estancia para que les diera calor—. Los dos sabemos ya lo que sucedió hace diez años, y no… no te culpo por eso, simplemente elegiste a quién creerle…
—¡Y debí creerte a ti! ¡Debí confiar en ti!
—Ya sé, pero no lo hiciste —replicó ella encogiéndose de hombros—. No lo hiciste y las cosas terminaron entre nosotros, y yo seguí con mi vida, con mi hija… con mis planes. ¿De qué sirve ahora que te pongas nostálgico y hagas un despliegue de arrepentimiento? Eso no va a cambiar lo que sucedió.
Mauro se llevó las manos a la cabeza con frustración porque por desgracia eso era verdad, así que si quería retomar aquella relación con Ainara no podía hacerlo desde el pasado y el arrepentimiento, sino desde la acción y en el ahora.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —susurró—. Es con respecto a lo que está pasando.
—Claro —murmuró ella.
—¿Por qué Rosso no sabe nada de tu hija? ¿Por qué Lugh no sabe nada? Según tú, él estuvo contigo en todo momento desde que nos separamos. ¿Es tan estúpido como para no darse cuenta de que estabas embarazada? Y… ¿qué fue lo que pasó con el padre de June? —la interrogó Mauro sentándose a su lado sin mirarla y apoyando los codos en las rodillas—. Sé que dijiste que los hombres de tu vida siempre te escondíamos… ¿Eso fue lo que hizo también el padre de June? ¿Era casado? ¿Era alguien importante?
Se detuvo cuando la vio envararse molesta, pero un segundo después Ainara respiraba hondo.
—Esas son demasiadas preguntas, y no sé si estoy lista para contestártelas todas ahora. Yo… —Se detuvo por un instante y Mauro se giró hacia ella, tomando sus manos.
—Y yo no sé si estoy listo para escucharlas pero… ¡Maldición Ainara, te amo, lo único que quiero es que ustedes estén bien! —exclamó—. ¡Dime lo que necesito saber para protegerlas!
Ainara pasó saliva y trató de levantarse, pero apenas hizo el primer movimiento Mauro tiró de su mano y la hizo caer sentada en su regazo.
El corazón de los dos se disparó en un segundo, como si hubieran pasado demasiados días desde la última vez que se habían abrazado, que se habían besado, que la intimidad entre ellos se había convertido en fuego.
—Dijiste que no te ibas a aprovechar —susurró Ainara y lo vio hacer el puchero más desamparado del mundo.
—Seamos honestos, muñeca, ¿quién es capaz aquí de aprovecharse de quién? —replicó y Ainara bajó la nariz hasta rozar la suya mientras intentaba controlar aquel latigazo de deseo que parecía consumirla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....