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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 664

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 37. ¡Di que sí!

—¡Jhooooooon! ¡El rifle! —gritó Mauro apenas uno de aquellos chicos traviesos le dirigió a su futura esposa la primera sonrisa, y en cuestión de segundos todos los hombres de la familia estaban allí para arruinarle la fiesta a sus mujeres.

—¡Señor, señor, por favor! —dijo uno de los oficiales—. Nosotros somos profesionales. Así que si usted tiene un rifle en esta casa, le recomiendo que vaya sacando también su licencia para portar armas para que yo la revise. ¿Entendido?

Mauro abrió mucho los ojos porque el hombre frente a él parecía completamente serio.

—¿De verdad llamaron a la policía, banda de locas? —escandalizó mirando a su madre y a sus tías, pero la voz del oficial de mayor rango se escuchó a continuación.

—¡Vamos, muchachos! ¡Enséñenles que esta noche los únicos que podemos ir aaaarrrrrmados somos nosotros!

—¡Ay Jesús! —gritó Mauro en el mismo momento en que el policía más cercano a él se sacó el uniforme falso de un tirón y Ainara casi se desternilló de risa viéndolo saltar sobre un pie, como un flamenco espantado—. ¡Jhooooooon! ¡El puto rifle, es en serio!

Por supuesto que las protestas se alzaron entre las chicas, que bebían asomadas a las ventanas y se rían viendo a sus hombres tratando de echar de la propiedad a doce strippers entrenados.

Finalmente se escuchó una ráfaga de disparos al aire y lo único que quedaba un segundo después eran los uniformes tirados sobre la hierba mientras una bandada de hombres sabrosos y medio desnudos se subía a los autos pintados de patrullas y desaparecían a una velocidad impensada.

—Ahora sí. ¡Cada lobo que se lleve a su oveja y se acabó la fiesta! —declaró Jhon apoyándose el rifle en el hombro—. ¡Si quieren refrescar la vista échense gotas!

Las risas se convirtieron en una desbandada por toda la casa y muy pronto Ainara fue secuestrada por un grupo de mujeres alborotadoras que se encerraron con ella en la biblioteca a hacerle historias de la familia y a darle algunos consejos necesarios para lidiar con un Keller.

Ninguna le preguntó por el origen de June, a ninguna le importaba si aquello era un negocio, y acuerdo o un favor, solo estaban felices de tenerlas en la familia.

Esa noche se quedaron en la mansión grande, y por mucho que Mauro protestó, todos sus intentos de colarse por la ventana de Ainara fueron frustrados. Pero al día siguiente, a pesar de la resaca y el mal genio, fue el primero en levantarse y para cuando la familia despertó, ya él estaba deambulando todo nervioso y desesperado por la cocina.

La cita en el Registro Civil era a las nueve de la mañana, y aunque habían tratado de hacer aquello en el mayor secreto, era imposible que alguien no se fuera de lengua y acabara diciéndole a algún periodista.

Aunara sintió que el corazón le daba un vuelco cuando la camioneta en la que iba se detuvo frente al edificio del Ayuntamiento, y de repente había más de diez periodistas en su camino, sacando fotos y haciendo preguntas.

Mauro salvó la pequeña multitud en dos pasos, pasando un brazo alrededor de su cintura y llevándola adentro.

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