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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 665

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 38. Una noche de bodas

Había mil cosas por poner en orden, empezando por el hecho de que la nueva de Mauro estaba en Zúrich, ayudando con los negocios de su padre, pero no quería poner en riesgo a June o a Ainara sacándolas de Lucerna. El grueso de la familia vivía ahí, y Mauro estaba convencido de que no había otro lugar donde pudieran estar más protegidas.

Pero no podía hacer otra cosa que dar un paso después de otro y el primero de todos era celebrar aquel banquete de bodas con tranquilidad, o al menos con la versión de tranquilidad que tenían los Keller.

Esa tarde comieron, bailaron, y festejaron la primera de sus bodas porque las señoras de la familia seguían asegurando que habría más. Y finalmente tuvieron que dejar a June en su pijamada, mientras los adultos los amenazaban con lanzarles más que arroz o confetis si no se largaban a su noche de bodas.

—A mucha insistencia, poca resistencia —suspiró Mauro levantando a Ainara en brazos como si fuera una princesa y subiéndola en el auto.

—¡No, espera…! ¡Mauro, no podemos dejar a June…! —se preocupó Ainara y él le regaló una sonrisa tranquilizadora mientras se subía detrás del volante.

—Nena, la familia entera está a su alrededor, la casa está custodiada por un equipo de profesionales, y como si eso no fuera suficiente, uno de los tío abuelos de June es un ex agente de la CIA. Créeme cuando te digo que está más segura con ellos que con nosotros —le sonrió con suavidad—. Además, no podemos arruinarle su primera pijamada oficial en familia, la tía Andrea los podrá a hacer galletas y se divertirán de lo lindo.

Ainara respiró hondo mientras el auto comenzaba a avanzar y se internaba en la carretera que bordeaba la ciudad. Había estado mirando por encima del hombro durante tanto tiempo que apenas comprendía lo que significaba tener a una familia como aquella respaldándola.

—Sí, supongo que estará bien —admitió mientras miraba con curiosidad el camino que Mauro estaba tomando.

La montaña parecía más oscura a medida que subían, pero quince minutos después él se desvió hacia una entrada privada y estacionó junto a una preciosa cabaña que ya estaba lista para recibirlos.

—Ya sabes que puedes decirles lo que quieras a las mujeres de mi familia, pero ninguna te va a escuchar —le advirtió Mauro abriendo la puerta para ella con un gesto galante—. Bienvenida a su luna de miel, señora Keller.

Ainara contuvo el aliento en cuando escuchó aquel apelativo, pero apenas había dado un paso dentro cuando sintió los brazos de Mauro a su alrededor, estrechándola.

—Nadie más va a esconderte, nunca más —aseguró apoyando la frente contra su cabello y cerrando los ojos, mientras recordaba aquella dolorosa afirmación de Ainara de que los hombres de su vida eran especialistas en ocultarla—. No me importa lo que haya pasado antes, pero eres mi mujer ahora, y no voy a esconderte.

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