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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 667

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 39. Un estilo clásico

—¿Cómo que nada? ¿Qué quieres decir?

Mauro tiró del brazo de su tío hasta uno de los despachos de la casa y cerró la puerta tras él, asegurándose primero de que nadie venía a interrumpirlos.

—Exactamente como lo oyes. Nada. Los únicos dos hombres involucrados con ella de alguna manera son el Senador Rosso, que ya sabemos que no es de él, obviamente, y Lugh, que tampoco es el padre de la niña porque los tipos de sangre son incompatibles con una relación padre – hija.

—Sí, además no es tan poderoso como para que Ainara le tenga miedo, la verdad —aseguró Mauro pensativo—. Entonces… ¿ni una pista?

—Ni una. Además no hay registro de las dos en ningún hospital, como si el nacimiento de June hubiera sido en casa o algo. Así que lo que sea que esté ocultándote Ainara, no debe ser agradable —le advirtió su tío Jhon.

—Bueno… la verdad es que no me lo está ocultando, fue a decírmelo anoche, muy voluntariamente…

—¿Pero? —lo increpó Jhon levantando una ceja condescendiente.

—Pero yo estaba de calenturiento y no quería arruinar la noche así que le dije que mejor lo dejábamos para después —carraspeó Mauro—. Así que sea lo que sea, me lo va a decir, eso no es problema.

Jhon respiró hondo, más tranquilo, porque lo de calenturiento sí lo podía entender en su sobrino, así que palmeó su hombro con tranquilidad.

—Bueno, asegúrate de aclarar las cosas con ella. Yo mientras tanto voy a ir preparando a un equipo de seguridad para ustedes, para cuando regresen a Zúrich —dijo Jhon—. Porque los dos sabemos que si no regresan, este pozo de mierd@ no se va a destapar, y cuanto antes se destape, antes podremos limpiarlo.

Mauro asintió con resignación, porque no tenía ninguna intención de poner a Ainara y a June en peligro, pero necesitaban zanjar aquella situación lo antes posible.

Así que le cerró la boca a Ainara a fuerza de besos durante los siguientes tres días, hasta que hicieron las maletas y declaró que era hora de volver a una vida normal.

Podía sentir la preocupación de Ainara por tener que regresar a Zúrich, pero ella tampoco estaba dispuesta a seguir mirando por encima del hombro toda la vida.

—La tía Noémi nos consiguió una inscripción de última hora para June en uno de los mejores colegios de Zúrich —le dijo mientras conducían de regreso con la pequeña dormida en su asientito trasero, y dos camionetas con el equipo de seguridad escoltándolos—. Así que mañana a primera hora podemos llevarla a conocer su nueva escuela, y podemos buscarte ocupación a ti.

Ainara lo miró sorprendida porque el hecho de que pusiera a June en un colegio casi inaccesible no la sorprendía, pero que la pusiera a trabajar a ella sí.

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