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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 677

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 49. Tienes esposa ahora ¿recuerdas?

Para Ainara, bastó que June se quedara por completo rendida en uno de los cuartos de invitados de sus nuevos abuelos, para que ella pudiera dar rienda suelta a toda esa preocupación que no quería mostrar delante de su hija.

—¿Dónde están? ¿Qué es lo que está pasando Danna? Y no me digas que nada porque te he visto cuchichear por ese teléfono tres veces ya y estoy segura de que no estás hablando de moda.

Su suegra la miró con inquietud, pero aunque tenía plena confianza en su marido, no podía negar que ella también se estaba muriendo de la preocupación.

—El abogado de la familia me llamó —murmuró Danna—. Loan y Mauro están en la comisaría, no sé bien qué fue lo que pasó pero…

—¿Están presos? —la increpó Ainara sin poder creerlo.

—Eso parece, pero Loan lo va a arreglar, te aseguro que él lo va a arreg… ¡Ainara! ¿¡Hija a dónde vas? —intentó detenerla Danna pero para ese momento la muchacha ya tomaba su abrigo de la percha de la puerta.

Se detuvo en el umbral y vio al equipo de guardaespaldas apostados afuera.

—Solo necesito a dos conmigo —decidió y su suegra negó vivamente.

—Ainara, no puedes ir, deja que ellos lo resuelvan —trató de convencerla, pero era evidente que ella no estaba muy dispuesta a escuchar.

—Los demás quédense aquí. Danna, por favor, cuida de June. Vuelvo tan pronto como pueda —sentenció dirigiéndose a una de las camionetas que estaban aparcadas afuera y no hubo ni una sola inflexión en su voz cuando le ordenó a uno de sus guardaespaldas que la llevaran a la comisaría donde tenían a su esposo.

Ver a Loan afuera, hablando con su abogado, le produjo un suspiro de alivio hasta que se dio cuenta de que estaban discutiendo.

—¿Qué es lo que pasa? ¿Dónde está Mauro? —demandó acercándose a ellos y su suegro o pudo disimular la sorpresa de verla allí.

—¿Quieres que Mauro me mate? —la regañó.

—Mejor no mencionemos nada relacionado con la muerte ni con sarcasmo, por favor —pidió el abogado y los ojos de Ainara se centraron en Loan.

—¿Por qué? ¿Qué es lo que está pasando? —insistió.

—Yo acompañé a Mauro a ver a Lugh —dijo Loan mirando a todos lados y llevándola lejos de todos en el estacionamiento—. Él quería hablar con Lugh sobre una información que supuestamente tenía sobre ti…

—¡Eso no es cierto! ¡No hay nada que Lugh pudiera…!

—Pues al parecer lo estaba vendiendo y caro. Lo que fuera, creía que valía lo suficiente como para pedir dos millones de francos por eso —replicó Loan—. El problema es que nosotros no conseguimos comprarlo, porque cuando llegamos ya estaba…

Ainara retrocedió con los ojos muy abiertos y la garganta completamente seca de la impresión.

—¿Lo mataron? —porque evidentemente Lugh era demasiado cobarde como para un suicidio.

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