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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 678

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 50. Un secreto

Y no, el detective estaba seguro de que no tenía tanta suerte, pero la cuestión era que no podía dejar pasar ni una sola pista u oportunidad.

—Bueno, no soy una santa, pero aunque no le pueda dar la confesión que usted está esperando, quizás pueda arrojar alguna luz sobre su caso de asesinato —respondió Ainara y Mauro negó con preocupación.

—Nena, esta no es una buena idea, por favor.

—Está bien, nuño bonito —le sonrió ella para tranquilizarlo—. No pasa nada, tienes que entender que Lugh no tenía nada contra mí, no importa lo que haya dicho, no tenía absolutamente nada. Jamás he robado anda en toda mi vida, no he cometido ningún delito, no era stripper ni prostituta y jamás me metí en los negocios chuecos de las campañas, siempre estuve fuera de todo eso, así que sin importar lo que haya dicho, te aseguro que no tenía nada contra mí como para poder cumplir con una extorsión.

—¿Extorsión? —El detective tiró de la silla frente a ellos y señaló las otras dos para que tomaran asiento—. Explíqueme cómo es eso, señora Keller.

Los dos se sentaron, pero Mauro retuvo la mano de Ainara entre las suyas. No le gustaba lo que estaba a punto de pasar, o quizás era que no creía que pasara, porque su esposa había pasado tantos años guardando aquella información que no podía creer que fuera a escupirla toda de una vez para salvarlo a él.

—Solo tengo un secreto en mi vida, detective —declaró Ainara mirándolo a los ojos—. Soy la señora Keller ahora, pero mi apellido de soltera oficialmente es Jáuregui, el apellido de mi madre… y extraoficialmente, mi apellido real debería ser Rosso. Y antes de que ponga cara de espanto le confirmo, sí, soy la hija ilegítima del Senador Rosso.

El silencio en aquel cuartito fue asfixiante mientras el detective encajaba aquella noticia y trataba de balbucear algo sin sentido, porque no podía creer que uno de los Senadores más intachables del país hubiera logrado esconder durante tantos años a una hija ilegítima.

—Bue… bueno… ¿tiene…? ¿Tiene pruebas de lo que está diciendo? —la increpó.

—Dos pruebas de paternidad que lo confirman, en dos laboratorios prestigiosos de este país —respondió Ainara sin dudarlo.

—Bien, bien… ¿y cómo cree que eso es relevante para este caso? —preguntó el detective.

—Mi padre se presentó ayer en las empresas de mi esposo, muy preocupado porque Lugh lo estaba extorsionando con sacar a la luz esta información —contestó Ainara con expresión indiferente—. Espero que entienda lo que eso podría significar para el Senador. Estoy segura de que si revisa las conversaciones telefónicas en el celular de Lugh, va a poder encontrar llamadas o mensajes entre ellos.

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