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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 685

ROJO PROMESA. CAPÍTULO 66. Esto no ha terminado

—¡¿Qué dijisteeeee?! —la expresión de Mauro era azorada mientras el resto de las voces en aquella salita se levantaban para regañarlo.

—¡¿Cómo le dices eso al muchacho?!

—¿No ves que le puede dar un infarto y ahí sí ya no le va a funcionar?

—¡No espantes a mi esposo!

Y entre todos aquellos reclamos Mauro sonrió con un suspiro porque Ainara diciéndole “su esposo” era la condenada cosa más sexi que nadie le había dicho jamás.

—Tranquilo amor, solo necesitas terapia para caminar bien, eso es todo… —murmuró Ainara inclinándose para darle un beso delicado y Jhon le palmeó el hombro.

—Eso, fisioterapia, o si no harás los próximos retoños al ritmo de “La cucaracha” —se burló—. ♫♪ La cucaracha… ♫♪ Un, dos, tres… para que estoy cojo… ♫♪

—¡Jhon!

—Bueno, bueno, mi misión aquí está cumplida —sonrió Jhon—. Y no me reclamen que este me interrumpió muchos intentos de hacerle retoños a Chiara con su “Tío, vamos al Hockey”. ¡Algún día se la tenía que cobrar! ¡Hockey!

Le sonrió y le deseó lo mejor, y finalmente salió refunfuñando sobre partidos perdidos y coitus interruptus.

Loan y Danna se acercaron a Mauro y su madre lo abrazó con cariño.

—Hijo, te adoro, pero el negocio de los hospitales es para atender a otras personas y te lo tienes agarrado para ti solo —lo regañó la pelirroja—. Tu meta del próximo año, que sea mantenerte fuera de un quirófano.

Mauro sonrió sabiendo que aquel humor solo era para intentar enmascarar lo preocupada que su madre había estado, pero le prometió solemnemente que se mantendría alejado de cualquier zona del hospital que no fuera la oficina de la dirección.

—Y nada de tiroteos, persecuciones o tratos con la policía. ¿Entendido? —añadió Loan, pero precisamente aquello hizo que Mauro recordara hasta el último minuto de lo que había pasado antes de que le dispararan.

—¿Qué sucedió con…? —empezó a preguntar y Ainara apretó su mano porque no estaba segura de que hablar de aquello fuera lo mejor en ese momento, pero Danna empujó a Loan fuera de la salita para darles privacidad—. Tienes que contarme, nena —animó Mauro a Ainara—. No puedo quedarme con esta duda hasta que me sienta mejor. ¿De acuerdo?

Ella accedió despacio y tiró de una silla para ponerla a su lado y sentarse.

—El senador Weber está muerto —le contó porque en esas horas en que él había estado en el quirófano, ya el detective se había acercado para comentarles todo lo que estaba sucediendo.

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