ROJO PROMESA. CAPÍTULO 67. Un veredicto
Ainara contuvo el aliento, eso sí era algo que no se había esperado, quizás porque estaba acostumbrada a que el Senador Rosso siempre hiciera hasta lo imposible por ocultar cualquier rastro de su existencia o de su relación; así que a ella no le sorprendía para nada que hubiera pagado a un detective para detener la investigación. Sin embargo al resto del departamento de policía que había quedado expuesto con aquel video sí parecía importarle.
—¿Cree que intente algo contra nosotros? —preguntó Ainara apretando los dientes.
—No lo sabemos, lo que sí es seguro es que enfrenta cargos criminales, y que perderá su puesto en el Senado. La gente en situaciones desesperadas es capaz de hacer cualquier estupidez —suspiró el detective—. Creo que eso acabamos de comprobarlo.
Mauro hizo un leve gesto de confirmación, porque sabía que su tío Jhon estaba preparado para movilizar a quien hiciera falta para protegerlos, y el detective se despidió, dejándolos solos.
—No te preocupes, nena, no voy a dejar que nada te pase; ni a ti ni a nuestra pequeña. ¿De acuerdo? —aseguró tirando suavemente de la mano de Ainara para besarla, pero en los ojos de su esposa solo pudo ver una tranquilidad infinita, como si toda aquella confianza que se había quebrado durante diez años, volviera intacta y más fuerte que nunca a su corazón.
—Lo sé, niño bonito —sonrió ella—. Sé que nos vas a proteger siempre. Pero hablando de la reina de Roma, hay alguien que quiere verte.
Ainara caminó hasta la puerta y la abrió para dejar pasar a June, que venía prendida de la mano de su abuela Danna. Apenas vio a Mauro la soltó y corrió hacia la cama.
—¡Papiiiii!
—¡Mi corazón, como te extrañé! —exclamó él abriendo los brazos.
Ainara subió a la niña a la cama con cuidado y June abrazó a Mauro sin apretarlo mucho.
—¿Estás enfermito? —preguntó la pequeña con un puchero.
—Sí —le respondió su madre—. Tiene fiebre, tos y moquitos.
La boca de June se hizo una O de sorpresa mientras sabía exactamente lo que le iba a decir su padre.
—¡Sí, y me están poniendo inyecciones! ¿Y sabes por qué es? —le preguntó Mauro con tono aleccionador.
—¿Por no ponerte calcetines? —preguntó June, porque la batalla diaria de Ainara era que no anduviera descalza.
—¡Exacto, por no ponerme calcetines! —exclamó Mauro dándole un beso en la cabecita—. Así que a partir de ahora tienes que portarte muy bien y ponerte calcetines para que no te vayas a enfermar como papá.
La niña asintió apresurada y pasó un ratito allí con él, animándole y asegurándole que cuando regresara a casa le prestaría al Señor Pompita para que lo cuidara.
—Creo que ya me quiere más a mí que a ti —murmuró Mauro con un puchero cuando la vio alejarse de la mano de su abuela—. ¡Apuesto a que a ti nunca te ha prestado al Señor Pompita!
Ainara rio aliviada porque adoraba que aquellos dos se quisieran tanto, pero los días que siguieron fueron agotadores para ella. June seguía su vida normal, pero el equipo de seguridad estuvo más alerta que nunca hasta que por fin Mauro regresó a casa.
—Tranquila, nena, puedo caminar por mí mismo, bañarme por mí mismo… —intentó calmarla él apenas la vio afanándose por prepararle el baño.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....