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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 694

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 5. Una última esperanza… rota

Ahora sí estaba asustada, estaba tan asustada que sentía que las rodillas le temblaban al punto de dejarla caer. Kim miró a la nieve que caía desde lo alto de la puerta sostenida por Peter, y eso solo significaba que afuera tenían que haberse amontonado contra la puerta casi dos metros de nieve.

Lo ayudó a empujar hasta que volvió a cerrarla con dificultad y los dos apoyaron la espalda contra la madera con los corazones acelerados.

—¡No puede ser… no puede ser! —exclamó la muchacha llevándose las manos a la cabeza—. ¡Dios no puede hacerme esto, tengo que salir de aquí… tenemos que… tú tienes un campeonato y yo…! ¡Dios...!

Parecía que no sería capaz de hilvanar una frase con otra o siquiera un pensamiento coherente. Así que Peter respiró profundo y trató de alcanzarla, pero parecía que de un momento a otro ella estaba al borde de ese punto a donde no había llegado ni en el peor momento de la tormenta: la histeria.

—Oye, no pasa nada, todavía hay esperanza. Con el viento que hay afuera te puedo asegurar que hay mucha probabilidad de que arrastre toda esta nieve montaña abajo. Y en el peor de los casos estamos vivos ¿OK? Hay que esperar a que amanezca para saber a qué atenernos, quizás sea tan simple como desenterrar la moto de nieve y tener cuidado al bajar y nada más.

Sin embargo Kim solo negó en silencio y se arrebujó envuelta en una manta junto a la pequeña chimenea, ayudando a avivar el fuego de cuando en cuando como si eso fuera lo único que pudiera mantenerla un poco cuerda.

Y él no lo sabía, quizá ese era el problema, que Peter no sabía por qué demonios era tan importante para ella salir de allí a tiempo con aquella foto.

Dormir esa noche fue prácticamente imposible, la nieve y el viento afuera mantenían la tormenta en todo su apogeo, y por más sólida que fuera aquella cabaña, a veces parecía que temblaba desde sus cimientos.

Entre los dos había un silencio sepulcral y de cuando en cuando alguno se quedaba dormido por un rato, pero el nivel de alerta hacía que al primer crujido enseguida abrieran los ojos.

Cerca del amanecer Peter la miró de reojo sin poder controlar aquella curiosidad. No había mentido cuando le había dicho que se estaba babeando por ella.

Era una mujer extremadamente hermosa, quizás un poco mayor que él, pero se le notaba la madurez y la firmeza en el carácter, aunque había en ella un poco de tristeza que Peter no comprendía. Como tampoco entendió el momento justo en que el primer rayo de sol asomó en la esquina superior de una de las ventanas y por el resto de la oscuridad él se dio cuenta de que la cabaña estaba absolutamente rodeada de nieve.

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