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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 696

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 7. Marcas

Peter respiró despacio. Ella era tan suave, tan extrañamente pequeña comparada con él, que sentía como si la hubieran fabricado como una parte más de su cuerpo, lista para prenderse como un perfecto engranaje a su costado.

No pudo negarlo, lo que quedó del día y el resto de aquella noche fue tortuosamente difícil. A veces la escuchaba llorar un poco en medio de la oscuridad, pero demasiado bajo, como si de verdad esperara que él no se diera cuenta de aquella angustia que la estaba torturando.

Pero finalmente un nuevo día amaneció, uno en el que Peter debía estar ya compitiendo en la segunda ronda del campeonato, y ella... solo Dios sabía dónde debía estar ella ese día, pero era obvio que ninguno de los dos llegaría a su destino.

Peter se levantó despacio y la dejó acurrucada, y fue a limpiar un poco uno de los cristales de la ventana para mirar afuera. El cielo seguía oscuro y gris, y el clima no había mejorado en absoluto.

Hizo algo de desayuno y trató de que Kim comiera un poco, pero ella había optado por la reacción más infantil de todas, que era cubrirse la cabeza con una manta y negarse a levantarse o a comer. Sin embargo había una sola cosa a la que no se podía negar, porque era demasiado biológico, así que en el mismo segundo en que la vio dirigirse hacia el baño, Peter aprovechó para sacarle un par de abrigos que llevaba encima mientras la escuchaba protestar.

—¡Oye… ¿qué haces? —preguntó Kim desconcertada y Peter solo señaló una enorme caldera de agua tibia que había puesto dentro.

—Te obligo a bañarte, porque encerrados es una cosa, pero apestosos es otra muy diferente.

La muchacha sentía el cuerpo totalmente entumecido, tenía el cerebro embotado y las ganas de llorar se le habían pasado ya, como si por fin le hubiera llegado aquella resignación extraña porque ya no había nada que hacer.

Asintió despacio metiéndose en el baño pero de nuevo no puso el seguro. Peter solo escuchó el agua cayendo lentamente y rebuscó entre las cajas que había por la ropa más cómoda que pudiera encontrar. Casi todo era de hombre y enorme, pero por suerte halló un suéter gigantesco de franela muy suave, y abrió solo un poco la puerta del baño para dejárselo dentro.

Y ese fue un error.

Fue un error enorme, porque incluso con la poca luz del fuego, y con la diminuta abertura de aquella puerta, no fue difícil que sus ojos distinguieran aquellas marcas oscuras en el cuerpo tan trágicamente pálido de la muchacha.

—¿¡Pero qué demon…!? —su exclamación hizo que ella se girara como un resorte, dándose cuenta de que Peter estaba parado en la puerta con aquellos ojos desorbitados.

—¡¿Qué estás haciendo!? ¡Sal de aquí! —le espetó con un grito ahogado, pero era como si el cerebro del hombre hubiera elegido deliberadamente obviarlo.

Kim retrocedió cuando lo vio dar un paso dentro del baño, solo para tomar su mano y tirar de ella hacia la luz de la chimenea. Era escasa, pero dramáticamente suficiente como para ver los largos moretones en todo su cuerpo.

—¡¿Y esto qué es…?!

—¡Peter…! —La muchacha ahogó un gemido cuando él la hizo girarse dándose la vuelta para poder verla mejor.

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