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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 697

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 8. Una oportunidad.

—¿Puedo ver esa foto?

Durante un segundo para Kim aquella pregunta fue como volver a recordar que todo el riesgo ya no valía para nada; pero su cámara estaba en un rincón, intacta, y no había ningún motivo real para no enseñarle lo que había allí.

Se levantó despacio y la sacó de su estuche, acercándola, mientras Peter se sentaba tras ella y la acurrucaba contra su pecho. La pequeña pantalla digital se iluminó en cuestión de segundos y muy pronto pudieron ver aquella última foto que ella había tomado.

El perfil era extraño y parecía distorsionado, la tabla de snowboard se veía gigantesca desde abajo, con él encima y su expresión entre furiosa y concentrada debajo de los lentes de nieve. Detrás se veía el cielo oscuro por la tormenta y esa sombra terrorífica que era el Pico Skatgan.

Realmente era una foto increíble, y se notaba que ella era una profesional con mucha experiencia.

—¡Demonios! ¿qué edad tienes y a quién más le has tomado fotos en tu vida? — preguntó Peter sin poder evitar aquel repunte de celos.

—Por lo que sé de ti, te saco tres años —susurró Kim—. Y sí le he dedicado toda mi vida a la fotografía, pero no he fotografiado tantos deportistas como parece, simplemente es lo que... —Se detuvo por un instante, pero no tenía caso negarlo—. Es lo que más dinero da. La fotografía artística no genera mucho y ya sabes, esta chica tiene que comer como todo el mundo.

Peter asintió mientras la rodeaba con sus brazos y pasaba las fotos de aquella cámara una tras otra. Se notaba que la muchacha tenía una sensibilidad excepcional, pero que a pesar de tener un talento interesante para la fotografía deportiva, su verdadera pasión eran la naturaleza y las personas.

—Bueno, hace tiempo que solo me toman fotos la gente de las marcas, así que si estás de ánimo, yo me dejo comer… ¡perdón, fotografiar! —dijo y a pesar de lo tensa de la situación la vio estallar en carcajadas.

—Será mejor que te duermas, campeón —replicó ella con tono sarcástico—. Porque yo no tengo hambre esta noche.

Sin embargo eso no era del todo cierto, porque quizás la exigua comida que habían tenido frente a la chimenea podía calmarle el estómago, pero en medio de aquella madrugada los dos se dieron cuenta de que eso exactamente era lo único que tenían calmados.

El frío los despertó y Peter salió del pequeño camastro para avivar el fuego. Tenían que racionar la leña si querían sobrevivir, pero cuando la vio temblar incesantemente se dio cuenta de que ninguno de los dos lograría rebasar una neumonía.

—¡Maldición, vamos a tener que empezar a quemar cajas y la cosa sigue así!

—Tranquilo. esto va a pasar, solo son las horas más frías de la madrugada... — balbuceó ella temblorosa acercándose al fuego de la chimenea para calentarse.

Ni siquiera tenían muy claro qué hora era en verdad, porque los celulares ya habían perdido toda la carga, pero lo importante en aquel punto era sobrevivir.

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