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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 699

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 10. ¿Qué cambiarías?

Era extraño que ese sonido le gustara tanto, pero la forma en que aquella mujer ronroneaba contra su pecho hacía que Peter se derritiera. Era inteligente, era hermosa, y algo le decía que se merecía todas las cosas buenas del mundo, porque también era evidente que la vida no la estaba tratando precisamente bien.

—¿Hambre? —preguntó cuando la vio abrir los ojos y sonreír.

—¿Tengo derecho a tener más? —preguntó ella con aquella sensualidad que se le salía sin premeditación.

—De mí, tanto como quieras —murmuró Peter acurrucándola para rodar sobre ella y besarla—. Pero si quieres seguir con este juego, nena, hay que recuperar fuerzas aquí que tengo toda la intención de llenar primero tu estómago… y luego el resto de ti… tanto y tan hondo como pueda.

—¡Auch! —rio Kim acariciando aquel cabello ensortijado de Peter—. En ese caso, señor Ferguson, alimentemos el cuerpo primero, que del alma ya nos encargaremos después.

Afuera el clima seguía siendo un asco, pero dentro de repente la calidez era infinita.

—Oye, ¿crees en eso de las veinte preguntas para enamorar a alguien? —preguntó él de repente, después de la comida más bien empleada de la historia de los abandonados.

Kim levantó una ceja divertida mientras lamía la cuchara que tenía en la mano con los últimos restos de leche condensada de una lata.

—Mmmm… soy pragmática. ¡Y no me digas que un picaflor como tú cree en esas cosas! ¡Ya me acosté contigo, no tienes que convencerme!

—Bueno, no he dicho que crea —se defendió Peter—. Solo te lo pregunto a ver qué tan romántica eres.

—¿Y si te tienes que preocupar porque te siga como un cachorrito perdido cuando salgamos de aquí? —señaló ella y lo vio poner los ojos en blanco—. No te preocupes, estoy consciente que esto solo es una aventura de tormenta. No te perseguiré cuando volvamos a la realidad… —susurró pero de repente una idea fugaz atravesó su mente—. Pero tampoco dejaré que lo olvides.

Trepó hasta él y se sentó a horcajadas sobre su regazo, moviéndose con suavidad y sintiendo en cada cambio de su respiración la forma en que iba excitándolo poco a poco. Era hermoso verlo reaccionar así, aunque fuera solo su cuerpo.

—OK, ahora estamos listos. Hazme una pregunta de esas —gimió y Peter cerró los ojos por un segundo y trató de no arrancarle la ropa allí mismo.

—Bueno… emmm… no me las sé, pero supongo que son cosas… ¡Dios, así no te puedo preguntar nada! —jadeó extasiado por el movimiento de sus caderas.

—Inténtalo —susurró Kim en su oído, estremeciéndolo.

—Bueno, supongo que son cosas…. personales.

—Ajá…

Peter pareció pensarlo por un momento y luego siguió.

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