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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 721

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 32. Un viaje importante

Quería un milagro. Realmente eso era todo lo que quería. Peter se dejó resbalar por aquella pared como si las fuerzas lo hubieran abandonado totalmente. Tenía en la cabeza aquella madeja de términos médicos y nombres de enfermedades que no servían absolutamente para nada, pero si bien era cierto que Percival McKenneth podía haber llegado en algún punto a ser un hombre despechado, se notaba que no era un mal hombre.

Y pocos minutos después llegaron los médicos a corroborar que el diagnóstico era absolutamente cierto, y que los demás doctores que habían valorado el caso habían hecho hasta lo imposible por ayudarla con algún tratamiento que pudiera funcionar, sin embargo ninguno había servido.

—¿Puede decirme...? ¿Puede decirme cómo va a ser? —preguntó con el corazón en la mano y las lágrimas rodando imparables por sus mejillas, porque aunque no quería rendirse, aunque quería luchar por ella con todo su ser, la verdad era que necesitaba saber a qué se estaba enfrentando.

—Va a estar cansada —le explicó el doctor—. No quiere decir que no haya estado cansada hasta ahora, creo que solo ha tenido la fuerza suficiente para disimularlo bien, pero a partir de ahora cada esfuerzo le costará un poco más, tendrá mucho sueño siempre, eventualmente no querrá comer, porque los músculos de su garganta comenzarán a debilitarse.

—¿Y si no come, cómo...? —A Peter le daba miedo hasta preguntar aquello.

—Alimentación parenteral —explicó el médico—. Aunque eso tampoco ayudará mucho. Eventualmente le costará respirar, le costará moverse, simplemente... Lo mejor que puede pasar es que un día simplemente se duerma y ya no despierte.

Peter se cubrió la cara con las manos y trató de evitar aquel sollozo que venía lleno de rabia y de culpa, porque quizás... solo quizás, si él lo hubiera sabido...

—¡Tenemos que hacer algo, dígame que se puede hacer algo, por favor! —le reclamó con desesperación y el médico negó con aquella expresión llena de tristeza.

—Lo siento mucho. De verdad que lo siento muchísimo, señor Ferguson, pero nunca ha habido nada que hacer desde un inicio, estas enfermedades son así, no las podemos controlar.

—Pero ella es... ¡Dios, es tan joven, no puede ser...!

—Lo entiendo. Pero ahora mismo lo mejor que puede hacer por ella es estar ahí para apoyarla, y de ser posible no dentro de un hospital.

Y Peter comprendía perfectamente lo que quería decirle, porque al final era el mismo triste razonamiento al que había llegado Percival McKenneth: podía pasar tres meses atormentándola en un hospital buscando una cura que no existía, o podía llevársela de allí, a lugares más hermosos, más cálidos, donde pudiera crear mejores recuerdos.

El médico lo dejó solo un segundo después y Peter no se dio cuenta de que estaba acompañado hasta que su madre puso su mano sobre su cabeza, acariciándole el cabello con un gesto suave y amable.

—¿Necesitas ayuda? —le preguntó Noémi, que después de tantos años se había hecho experta en lidiar con los problemas con la cabeza fría y el corazón caliente.

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