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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 723

Y aunque era muy cierto que a Peter Ferguson le sobraba el dinero como para pagar el más lujoso de los hoteles, su elección fue una pequeña cabaña de pilotes sobre la playa, en una isla privada y alejada absolutamente de todos.

Su única comunicación con las islas centrales era un pequeño yate que él sabía manejar a la perfección, y aunque al principio se preocupó un poco porque Kim pudiera marearse, la verdad era que ella estaba absolutamente embebida por el paisaje, disfrutando de cada momento, del color de la vegetación, o de la pureza de aquellas aguas que casi nadie podía tocar.

Sobra decir que la vio hacer un puchero enamorado en el mismo momento en que vio la cabaña, abierta y luminosa, donde solo estarían ellos.

El personal de servicio se quedaba en una de las islas cercanas, pero estaban disponibles en todo momento. Y aun así Peter estaba también convencido de que serían capaces de arreglárselas por sí mismos.

—¡Te juro que yo no quemo la cocina! —advirtió él después de dejar las pequeñas maletas en la única recámara que había.

—Bueno, pues yo soy una excelente cocinera —sentenció Kim abriendo la nevera, sin darse cuenta de que eso a él lo tenía sin cuidado, lo que realmente lo tenía feliz era el hecho de que ella tuviera hambre—. Y en el peor de los casos tenemos pan y queso. Yo puedo ser Heidi, y como tú refunfuñas tanto serás el abuelo.

—¿No puedo ser Pedro? —se quejó él y Kim lo miró divertida por aquel juego con su nombre del que no se había percatado.

—Mejor no me provoques o terminarás siendo una de las cabras —rio ella y un segundo después ahogaba un jadeo sorprendido en el mismo instante en que Peter se pegaba a su cuerpo, la levantaba por las caderas y la sentaba sobre aquella barra, metiéndose entre sus piernas con un ronroneo sensual.

Parecía una completa locura, y la verdad era que a Kim le daba hasta miedo despegar los labios y romper aquella burbuja, porque imaginaba todos los frenos que en aquel un momento podía tener él. Quizás exactamente los mismos que había tenido Perci en su momento, cuando le habían dicho que ya no había esperanza para ella.

Sin embargo un jadeo desesperado escapó de su boca en el mismo segundo en que sintió la de Peter recorriendo su garganta, mientras sus manos le abrían despacio aquella blusa y acariciaba sus pechos por encima del brasier.

Ni siquiera podía empezar a describir todo lo que sentía cada vez que él la tocaba, pero aun así no pudo evitar que cierto miedo se apoderara de ella.

—Peter... —susurró nerviosa y él le regaló una sonrisa tranquilizadora.

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