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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 729

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 40. Una mujer desordenada

Era dulce, era hermosa y se le había metido debajo de la piel de una forma en que Peter no podía describirlo. Su boca la recorría como si quisiera devorarla, como si quisieras tomar absolutamente hasta su último aliento, el último de gemidos y guardarlo para él, conservarlo, para siempre.

Era hermoso verla retorcerse debajo de su cuerpo, escalar aquel placer, hacer pequeñas marcas en sus costados mientras la penetraba despacio, profundamente, hasta que el ritmo se fue haciendo violento y desesperado.

Kim sentía que todo dentro de ella vibraba de una forma extraña, podía sentir aquel cosquilleo que le corría hasta cada terminación nerviosa, que se perdía en la boca de Peter mientras lamía sus pechos, o que descargaba pequeños latigazos de placer contra su sexo.

Sentía cada embestida, cada gruñido gutural y delicioso que salía de la garganta del hombre, cada sonrisa que no podía evitar, cada mordida suave que le dejaba, pero sobre todo aquella forma perfecta y deliciosa en que se hundía en su cuerpo una y otra vez.

—¡Dios, no pares no quiero que pares! —gimió desesperada y Peter le dio la vuelta, sentándose en aquel sofá para llevarla encima, y moverla sobre él como una muñeca pequeña y coqueta que buscaba su boca y la llenaba de jadeos urgentes.

—¿Qué más quieres, nena? —susurró contra sus labios mientras sentía aquella tensión perfecta con que sus paredes latían a su alrededor.

Cada centímetro que abría con su miembro era glorioso, y la forma en que ella reaccionaba a eso era un mejor.

—¡Quiero todo! —murmuró Kim con un puchero y Peter solo se detuvo un instante—. ¡Todo todo y un poquito más!

—¿Todo todo? —murmuró el acariciando sus nalgas espacio mientras la exploraba, y la vio asentir con expresión maliciosa.

—¡Todo! —jadeó la muchacha mientras sentía aquel dedo perverso explorar su trasero, porque la verdad era que quería hasta la última experiencia, de verdad quería probarlo todo y que todo fuera con él.

Así que un minuto después solo gemía por la anticipación mientras lo sentía contra su espalda, restregando aquella humedad que le escurría entre las piernas por todo su trasero, y embistiéndola con tanta suavidad que la hizo arquear la espalda y gritar.

—¿¡Esto es “todo” nena!? —preguntó Peter tratando de controlarse con cada célula de su cuerpo, pero la verdad era que aquella condenado no ayudaba.

—¡No... más! —la escuchó gritar y eso fue suficiente para que todo se descontrolara.

Los gritos, los gemidos y las súplicas llenaron aquella cabaña de un lado al otro. Peter se movía dentro de ella con un ritmo suave y preciso, sin dejar de acariciarla, sin dejar de estimularla, hasta que ninguno de los dos fue capaz de aguantarlo ni un segundo más.

—¿Me dejas oírte gritar, nena? —le pidió con urgencia mientras sentía la presión del orgasmo en la base de su miembro.

—¡Por favor! —gritó ella en medio de aquel clímax insoportable y sólo un segundo después los dos escalaban un increíble orgasmo juntos.

Dejarse caer en aquel sofá y acurrucarse era solo la conclusión obvia de todo el esfuerzo, pero en el mismo momento en que la apretó contra su costado, Peter se dio cuenta de que ella tenía la sonrisa más luminosa del mundo.

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