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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 730

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 41. La antesala del infierno

Quizás lo peor de todo era que las manos le temblaban, le temblaban cuando tenía que vestirla, que abrochar aquellos botones o subir el cierre. Y moverla como si fuera una muñeca desmadejada simplemente hacía todo en él se rompiera de la peor manera.

—¡Maldición, maldición! —exhaló un gruñido desesperado mientras intentaba terminar de vestirla a toda costa.

Podía sentir ese cosquilleo amargo de las lágrimas tratando de salir de sus ojos, pero en ese momento no podía darse el lujo de sentirse mal, ni siquiera de asustarse.

Terminó de acomodarla lo mejor que pudo y la levantó en brazos, llevándola a toda prisa hasta la moto de nieve y sentándola frente a él.

La única forma que tenía de mantenerla estable era pasando un par de correas alrededor de su cuerpo, y Peter dio gracias a Dios porque en eso si fuera bastante diestro. Regresar hasta la estación de esquí fue para él el trayecto más largo de su vida, a pesar de que solo duró algunos pocos minutos. Sin embargo en cuanto llegó gritando que tenía una emergencia médica, enseguida despejaron una de las cabinas del teleférico solo para él.

—¡Espere, yo lo acompaño! —avisó una de las asistentes médicas que trabajaban en la estación, y mientras aquella cabina bajaba a la mayor velocidad permitida, y la asistente intentaba hacer reaccionar a Kim, Peter sacó su teléfono y de inmediato le marcó su madre.

—¡Necesito una ambulancia en la base de la estación de esquí! —exclamó sin siquiera darle tiempo a saludar.

—¿Kim se puso mal? —preguntó Noemí apresurada.

—Sí… no despierta. Está... ¡Maldición está a,pero no despierta, no sé qué le pasa! —respondió Peter intentando contener aquel sollozo que casi no lo dejaba hablar.

—Ahora mismo me encargo, hijo, tranquilo —fue lo último que escuchó de su madre antes de que colgara, y en efecto solo unos pocos minutos después, cuando llegaron a la base de la estación, unos paramédicos los recibieron apenas las puertas de la cabina se abrieron.

Para ese momento Peter ya se sabía absolutamente todo el historial médico de Kim de memoria, y además tenía todos los documentos necesarios para poder ser quien tomara las decisiones en su nombre.

El trayecto hacia el hospital de Lucerna se le hizo aún más angustioso, y por suerte para cuando llegaron ya los estaban esperando.

—Sigue sin despertar… sigue... ¡Dios esto no puede estar pasando! —jadeó Peter intentando contener las lágrimas y su padre solo lo abrazó, porque estaban allí para apoyarlo en todo, y ni él ni Noemí iban a decirle que en realidad aquello solo era un avance, solo la antesala de todo lo que estaba por llegar en poco tiempo.

—Tienes que ser fuerte —le dijo su madre—. Kim depende de ti, así que tienes que ser fuerte. Hijo… esto es lo último que quisiera decirte en mi vida, pero vas a llorar, vas a llorar y mucho porque la vas a perder, sin embargo tienes que tener la fuerza para dejar eso para después, porque en este momento, en este preciso momento, lo que ella necesita es tu serenidad y tu sonrisa. Así que amárrate esos sentimientos como un hombrecito, y sopórtalo. Hazlo por ella. Yo sé que tú puedes.

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