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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 731

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 42. El momento perfecto

No podía llamarse exactamente “felicidad”, pero al menos Peter sentía una especie de alivio porque Kim estuviera lo suficientemente fuerte de nuevo como para que el médico le permitiera salir del hospital.

Sin embargo, la parte más difícil había llegado en el momento en que la había subido a aquel auto, dejándola conversando animadamente con su madre, para regresar sobre sus pies y tomar la lista de recomendaciones que le entregaba el doctor.

—Tiene dos opciones, señor Ferguson: cuando las cosas comiencen a empeorar puede traerla aquí, o de lo contrario puede seguir estas instrucciones crear para ella un ambiente más cómodo —le explicó y Peter vio que tenía indicaciones precisas no sólo sobre el cuidado médico, sino también sobre el tipo de cama que podía usar, o el hecho de que era preferible que la casa donde viviera no tuviera escaleras.

—Me ocuparé de esto de inmediato —sentenció y en efecto, ese mismo día ponía aquella lista delante de sus padres.

—Necesito una casa que cumpla con todas estas condiciones —suspiró—. No quiero que Kim vuelva al hospital a menos que sea estrictamente necesario, eso la deprime demasiado.

—Sí, me he dado cuenta —respondió su madre.

—Entonces ayúdame a encontrar algo como esto, quiero que estemos en un lugar tranquilo y con las mayores comodidades posibles.

Y se calló el hecho de que si aquello de verdad tenía que terminar, entonces al menos lo haría bajo sus propios términos, los de Kim y los suyos.

Y aunque ella no dijo una sola palabra al respecto, era imposible no notar que estaba conmovida cuando dos días después Peter la levantó en brazos, y la sentó en la camioneta con la excusa de que quería darle un paseo por la ciudad.

—Sí sabes que todavía puedo caminar solita ¿verdad? Puedes ahorrarte todo el esfuerzo hasta ese momento -le susurró con suavidad.

—Lo sé, lo sé, pero es que estoy entrenando —replicó él—. Y conste que no estoy entrenando para cuando no tengas fuerzas, ¡estoy entrenando para poder subirte y bajarte en...! —Puso las manos en el aire como si la estuviera agarrando por las caderas, moviéndolas arriba y abajo con aquel gesto totalmente obsceno y descarado que le sacó a Kim una carcajada.

—¡Dios eres un calenturiento de lo peor! ¡Me encantas! —rio ella y solo unos pocos minutos después salían de paseo por la ciudad. Aunque por supuesto aquel no era un simple paseo, sino que terminaron delante de una propiedad con una pequeña casa de una sola planta, paredes blancas y ventanas amplias y luminosas.

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