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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 736

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 47. Una sorpresa especial

Y Kim no la había mentido, la cámara privilegiada era la suya. Tomó tantas fotos esa tarde que realmente no le importaba si lo hacía desde una silla, sentada, o desde los brazos de Peter, que cada tanto la levantaba como si fuera una novia en apuros y se la llevaba a otro lado para que no la molestaran o la acosaron a preguntas.

Por supuesto que él estuvo más que encantado de ser su fuerza bruta, encajó aquella pala en la tierra con toda la actitud, posó y se dejó tomar fotos, y por supuesto que sus brazos estuvieron alrededor de ella en todo momento mientras cortaba el lazo rojo que daba por inaugurado el proyecto.

—¿Tú me estás haciendo de apoyo o te estás restregando contra mí? —le coqueteó Kim porque estaba segura de que en las fotos saldrían hechos un par de pulpos enredados.

—¿Qué quieres que te diga? —suspiró él con un puchero dramático—. Ese vestido gris tormenta, oscuro y peligroso como el Pico Skatgan, ¡uff, me tiene por las nubes! —murmuró en su oído, mordiéndole con suavidad el lóbulo de la oreja.

—¿En serio ya me lo quieres quitar? —replicó ella con una sonrisa.

—¡Todo, Dios, te lo quiero quitar todo! —admitió Peter y la sintió darse vuelta entre sus brazos para alcanzar su boca con un beso coqueto y ansioso.

—En ese caso creo que ahora me toca a mí darte una sorpresa —murmuró ella y Peter puso cara de que estaba dispuesto absolutamente a todo.

Y mientras los demás seguían disfrutando y la fiesta seguía dilatándose hasta la noche, Kim le hizo un gesto a Adriana y solo unos minutos después uno de los autos estaba esperando en el estacionamiento.

El viaje que siguió fue por supuesto especial, y lleno de incertidumbre, porque por supuesto Peter no entendía por qué se estaban dirigiendo al pequeño aeropuerto de la ciudad.

—¿Tenemos las maletas listas en la cajuela? ¿Es así?

—¡Exactamente así! —respondió Kim con un guiño y para el momento en que llegaron al aeropuerto, nadie quiso decirle a Peter hacia dónde se dirigían.

—¿Qué tan grande es la sorpresa? —preguntó sentándola sobre su regazo en aquel pequeño avión ejecutivo, y tomando su boca casi con desesperación.

—¡Muy muy grande! —jadeó ella—. ¡Casi tan grande como toda esa excitación que tienes ahí muy bien controlada!

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