Entrar Via

UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 737

EN MI PRÓXIMA VIDA. CAPÍTULO 48. Mañana...

La cabaña estaba en un silencio suave y delicioso, que solo rompía el crepitar del fuego o los suspiros de Kim, mientras Peter se giraba hacia ella, estrechándola contra su pecho y acariciándole el rostro, sabiendo que la había dejado cansada pero feliz.

—¿Sabes que te ves extremadamente linda cuando te corres? —le preguntó con coquetería y Kim abrió un ojito descarado para responderle.

—¿Sabes que te has hecho un experto en hacer que yo me vea linda? —replicó.

—¡Gracias, gracias! —rio Peter acurrucándola aún más y le escuchó respirar pesadamente sobre su pecho.

Kim se había negado a llevar cualquier ayuda adicional, aunque en aquel momento Peter hubiera dado cualquier cosa por un maldito tanque de oxígeno. Sin embargo las pocas horas que quedaban de la noche las pasaron en una extraña tranquilidad, y para el amanecer ella fue la primera en despertarse.

—¡Me está pareciendo que usted todavía me debe una foto importante, señor Ferguson! —advirtió la muchacha con un dedito acusador y Peter se cruzó de brazos siguiéndole el juego.

—Pues a mí me da la impresión que la foto que usted ya me tomó, señora Ferguson, le reportó notables beneficios, ¡incluyendo este cuerpazo! —sentenció él y Kim le echó los brazos al cuello encontrando su boca en un beso sutil y provocativo.

—Muy cierto, muy cierto, pero ahora quiero otra —declaró—. Además, el clima está hermoso, ¿no quieres pasar un día fuera conmigo?

—¡Demonios, quiero pasar el día dentro de ti! ¡Allá afuera solo hay nieve! —rezongó él y la muchacha le puso los ojos en blanco, porque le derretía el corazón cuando se ponía en plan semental cavernícola.

—¡Bueno, entonces un ratito nada más! —pidió ella—. ¡Anda, que de verdad quiero una foto linda!

Y por supuesto que él accedió, iba a acceder a lo que fuera que ella quisiera aunque incluyera hacerse una bola de nieve y bajar como avalancha desde el Pico Skatgan.

Lo sorprendió un poco verla con fuerza suficiente como para subirse en aquellos esquís, aunque por supuesto no intentó disimular su torpeza ni un poquito y cada vez terminó cayéndose encima de él.

—¡A ver, mujer, que si lo que quieres es restregarte conmigo, lo hacemos con menos frío! —se burló Peter, porque al final el descenso les duró como veinte metros y lo único que hicieron fue rodar por la nieve hasta que Kim puso un dedo sobre sus labios.

—Bueno, ven, siéntate detrás de mí y restriégate todo lo que quieres, porque voy a sacar nuestra foto perfecta —le anunció y en efecto, Peter se sentó tras ella estrechándola, y la miró a los ojos mientras la cámara se disparaba capturando aquella foto.

Sabía muy bien lo que significaba, sabía que quizás era la última, y aguantó como pudo aquel nudo en la garganta mientras ella le daba vuelta a la cámara para ver la pantalla digital, soltando la carcajada suave.

—¿Qué pasa? —la increpó Peter.

—¡Que nosotros sí que tenemos una suerte especial! —sentenció ella señalando al cielo—. ¡Mira lo lindo que está el día, y la única nube negra ha venido a ponerse exactamente detrás de nosotros!

Peter vio que en efecto el fondo de la fotografía era de un gris oscuro, como si el Pico Skatgan no hubiera querido que lo retrataran de buen humor. Pero aun así seguía siendo la foto perfecta, eso era innegable.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD