PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 4. Princesa de día
Cameron hubiera querido mirarla de arriba abajo, pero no podía porque la chica estaba agazapada como un pequeño depredador acorralado. Lo único perfectamente visible era esa cadenita con su nombre en delicadas letras de oro rosa: Dandara.
¡Así que aquel era el angelito, el que saltaba por la barda de madrugada para que no la vieran llegar de Dios sabía dónde!
Pero en el mismo momento en que levantó los ojos se dio cuenta de que aquel demonio se había comido la aureola angelical antes del desayuno. Y que no iba a ser tarea sencilla eso de cuidarla.
—¿Tú quién diablos eres? —la escuchó sisear y se le erizaron hasta los pensamientos.
Cameron pasó saliva y respiró profundo mientras se levantaba sin que ella le quitara tampoco los ojos de encima.
Dandara hizo un esfuerzo ímprobo por no morderse el labio inferior porque había aprendido a guardarse lo que pensaba hasta inconscientemente, y era difícil negar que el hombre frente a ella le parecía atractivo. Era alto, llevaba una chaqueta de cuero oscuro y unos jeans que le ajustaban… todo lo ajustable. Llevaba el cabello corto, casi como si le molestara y bajo las mangas podía adivinar la red de tatuajes que le llegaba hasta los dedos.
También podía adivinar otras cosas, por desgracia. Tantos años de entrenamiento con uno de los mejores amigos de su padre la había enseñado a evaluar el cuerpo que tuviera delante y el de aquel hombro no venía de un gimnasio.
Y lo peor de todo era esa sonrisa sardónica que no se le borraba del rostro.
—¿No crees que es demasiado temprano para entrar a robar? —escupió levantándose también y mirándolo a los ojos.
—¿No crees que es demasiado tarde para estar llegando a tu casa, princesa? —replicó Cameron.
—¡¿Disculpa?! —gruñó Dandara y no pudo evitar ahogar aquel jadeo de asombro cuando él levantó las solapas de su chaqueta y le dio una vuelta, todo a la misma vez—. ¡Maldición! ¡¿Qué buscas?!
—El arito, princesa —respondió Cameron soltándola y mirándola con descaro—. Ese que tu padre se cree que tienes. ¿Dónde lo dejaste?
—¡Suficiente! ¡Te pregunté quién demonios eres! —demandó la muchacha, pero un segundo después escucharon el sonido del metal corriendo sobre metal mientras una de las entradas de servicio se abría para dejar pasar el auto del nuevo guardaespaldas.
Él la escuchó rumiar con impotencia y luego le dio la vuelta, sujetándola por las caderas e impulsándola sobre la barda, dejándole medio cuerpo del otro lado y una nalgada de este.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....