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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 761

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 21. Ni una sola palabra

Él ya se sabía el protocolo, lo levantaron de allí a pesar de todos sus gruñidos y lo metieron en la parte trasera de una patrulla de policía para llevárselo a la estación más cercana.

Uno de los agentes se volvió hacia Dandara, y antes de que pudiera hacer el más mínimo intento de empezar a interrogarla, la muchacha levantó un dedo de advertencia en su dirección.

—Tengo quince niños escondidos en un almacén, en closets y gabinetes, esperando a que todo esto terminara. Son mis niños, yo soy su maestra, así que le aconsejo que me ayude a sacarlos de allí ahora mismo —sentenció con tanta firmeza que el hombre no se atrevió a contradecirla.

Llamó a otros oficiales que la siguieron de inmediato hacia el jardín, y la ayudaron a descolgarse por la pequeña ventana.

Solo bastó que llamara un par de veces para que los niños salieran de inmediato de sus gabinetes y los oficiales de policía le dieron la vuelta a la edificación, para poder acceder por la puerta principal del almacén, después de que ella quitara los muebles que estaban obstruyendo la puerta.

Así que para el momento en que el detective a cargo del caso llegó junto a ella, sus quince niños la estaban abrazando y Dandara se dirigió a él con una sola frase.

—Llame a Bran Schneider de inmediato. ¡Tiene que venir por su hijo lo más pronto posible!

—¿El asesor de gobierno, Brand Schneider? —quiso confirmar el detective.

—Ese mismo. Su hijo es uno de mis alumnos —le explicó Dandara—. Todo esto de atacar el museo fue para llevárselo a él, el idiota que está de cabeza en el cesto de basura se lo puede confirmar. Estaban intentando secuestrar al hijo del asesor de gobierno como alguna especie de presión política, al final ni el mismo idiota sabe por qué, pero tiene que venir de inmediato a buscar a su hijo.

El detective la miró con una mezcla extraña de incredulidad y curiosidad, pero como no anotaba nada en su libreta, Dandara dio un paso para acercarse a él mirándolo a los ojos.

—Usted empieza a hacer llamadas o las empiezo a hacer yo —le dijo con un tono evidente de advertencia—. A mí el crédito no me interesa, así que si alguien se va a llevar los méritos por este caso, le recomendaría que fuera usted. ¡Empiece a llamar!

Y el detective era demasiado inteligente como para desperdiciar la oportunidad, porque pocas veces se presentaba la ocasión de tener un caso de alto perfil que pudiera catapultar su carrera.

Muy pronto los niños estuvieron sentados, calmados y rodeados por un par de trabajadores sociales que la policía siempre tenía listas para los casos que involucraban niños, y Dandara alcanzaba su teléfono para hacer la única llamada que sabía que necesitaba en aquel momento.

—Papá, tuvimos un problema en el museo, ya sabes… “grado misiles”. Se llevaron a Cameron a la estación de policía de la calle Kasimir-Pfyffer, necesitamos un abogado con urgencia y por supuesto, tu cara allí.

—¿Te metiste en algún problema, hija? —escuchó la voz perfectamente calmada del otro lado, en especial porque Jhon sabía que cuando su hija mencionaba la palabra “misiles” era porque había habido balazos de por medio—. ¿Estás herida?

—Yo no, y tampoco soy la que está en problemas, aunque honestamente debería ser.

—¿Qué tan grandes?

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