PRINCESA... DE DÍA. ¿Algo que quiera decirme?
Cameron apretó los dientes, porque por segundos a veces sentía que no podía respirar. Que le hubieran soltado las manos de la espalda era un gran avance, pero eso no quitaba el hecho de que un disparo a menos de cuatro metros con una nueve milímetros, estampado contra un chaleco antibalas no doliera como el demonio.
Por desgracia el protocolo ya se lo sabía. Le esposaron las manos a una pequeña barra de metal sobre la mesa del cuarto de interrogaciones, y él solo cerró los ojos y echó el cuerpo hacia adelante, en la posición que menos le doliera porque sabía que allí tendría que esperar bastante.
—Señor Lake, tengo entendido que acaba de verse envuelto en un tiroteo —sentenció Hover, uno de los policías encargados de interrogarlo.
—Y usted cree que yo soy culpable —suspiró Cameron.
—¿Qué le hace pensar eso? Solo queremos que nos cuente qué fue lo que pasó, solo como un testigo más —intentó convencerlo el policía y Cameron lo miró casi con fastidio.
—Oficial, si usted creyera que yo soy de los buenos, no tendría las manos esposadas a la mesa ahora mismo, y al menos habría metido en esta condenada sala a una enfermera para que me revisara el disparo que tengo en la espalda. Pero como evidentemente usted ya hizo su juicio, solo tengo algo que decirle.
—¿Y que sería eso? —replicó el policía.
—Dandara Hopkins.
—¿Disculpe?
—Dandara Hopkins —repitió Cameron—. Cuando ella llegue yo hablaré.
El oficial frente a él apretó los labios, porque para estar en una posición tan difícil y tener un historial delictivo como el que tenía Cameron Lake, había que ser muy descarado para estar tan tranquilo.
—¡Me parece que no está entendiendo muy bien lo que sucede aquí, señor Lake! —gruñó el policía—. ¡A mí no me importa a quién usted quiera ver o no, está aquí por su participación en un tiroteo, con un arma que no está registrada a su nombre!
Cameron tomó todo el aire que pudo y exhaló despacio.
—Dandara Hopkins —repitió y lo siguiente que ocurrió fue el policía golpeando la mesa furiosamente con las palmas abiertas frente a él.
—¡Acabas de pasar diez malditos años en la cárcel! ¿¡Crees que no puedo devolverte ahí!? —gruñó él oficial—. ¡Con el historial que tienes, no hay un solo jurado que no te condenaría de nuevo, aunque fuera por posesión de armas! Así que más te vale comenzar a hablar ahora mismo, o de lo contrario te juro que voy a empapelarte de tantas maneras que no volverás a ver la luz del sol hasta que se te caigan los malditos dientes!
Cameron frunció el ceño y se echó hacia atrás en la silla a pesar de todo lo que le dolía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....