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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 795

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 65. Una mujer sorprendida.

Camarón respiró profundamente mientras observaba por el balcón de aquella ventana. El hotel en el que lo habían instalado era espectacular, pero eso no le importaba en absoluto. Aquella ciudad se había convertido para él en un extraño enemigo que no le permitía respirar, porque allí mismo, en algún lugar, estaba Dandara... y no estaba precisamente con él.

Pero después de todo, ¿qué había esperado? ¿Que ella se internara en un convento solo porque él había decidido hacer su vida? ¿Qué lo esperara cuando jamás le había dicho que iba a regresar?

Aquello estaba matándolo. Sin embargo, no le quedaba más remedio que terminar aquel trabajo para el que lo habían contratado, o de lo contrario el despacho para el que trabajaba en Londres también lo echaría a patadas como un perro por incumplir con el contrato.

Pero, por suerte para él, tenía una familia que lo adoraba, y que apenas escucharon que debía quedarse en Lucerna para seguir con el trabajo del proyecto, de inmediato rentaron un auto y se le aparecieron todos juntos.

—¿Pero qué hacen aquí? —exclamó Cameron al verlos entrar por la puerta del hotel, y su cuñada se encogió de hombros.

—No podíamos dejarte tan solito. Además, ya extrañamos no tener un niñero calificado —rio ella, y Cameron la señaló con un dedo acusador porque no podía decir lo que quería decirle delante de su sobrina.

Levantó a la niña en brazos, recibiendo ese beso en la mejilla que solo era para el tiítoo Cam, y luego escuchó todas las muchas exigencias de llevarla a pasear que la pequeña Dany tenía para él.

—¡Bueno, pues esta es la mejor parte! —exclamó Cameron—. Hasta el lunes no tengo que empezar a trabajar, así que tenemos un fin de semana perfecto para mostrarles lo mejor de la ciudad.

Y en efecto, la familia no demoró absolutamente nada en prepararse para un paseo de fin de semana. La ciudad estaba muy animada, y por supuesto lo más emocionante de todo eran las pistas de esquí.

—¡Yo me pido una moto de nieve! —exclamó Janick—. Porque rodar montaña abajo sobre mi trasero no es lo mío. Amor, ¿tú qué quieres? —le preguntó a Natalie, y su esposa le levantó los pulgares porque ella tampoco tenía un espíritu muy deportivo.

—Pues entonces yo me llevo a esta princesa para que aprenda a esquiar como se debe —rezongó Cameron, y ese día aprovecharon para subir todos al teleférico.

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