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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 796

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 66. Influencia

Dandara dio dos pasos dentro de la pista de nieve y se detuvo, como si no supiera ni dónde estaba ni qué estaba a punto de hacer. El corazón le latía demasiado rápido, sentía el cosquilleo crudo de las lágrimas al borde de sus ojos y una extraña opresión en el pecho, una que sabía que no tenía derecho a sentir, pero que parecía imposible de evitar.

—Dandy, ¿estás bien? —preguntó Leon, pasando un brazo sobre sus hombros. Sintió la forma pesada y agotadora en la que ella intentaba respirar.

—Sí, sí estoy bien —mintió Dandara con la misma ecuanimidad con que solía quitarles la preocupación a todos—. Estoy bien, solo me sorprendió que...

—Que tuviera una hija —terminó él, porque el nombre de Cameron Lake ya había salido a relucir entre ellos, y últimamente no solo entre los dos, sino que lo escuchaba susurrado aquí y allá por algunos otros miembros de la familia Keller—. Pensé que lo habías investigado o algo.

—¿Por qué iba a hacerlo? —preguntó ella, apretando los dientes—. No investigas a gente que ya no tiene ninguna influencia en tu vida.

Y aunque parecía completamente segura mientras se alejaba de allí, Leon Rothschild era un hombre demasiado inteligente como para no darse cuenta de que influencia en la vida de su prometida era lo que le sobraba a Cameron Lake, y por la cara que le había visto a aquel hombre, eso era mutuo.

—Lo que faltaba, un drama a las puertas de la boda —suspiró con resignación y fue tras Dandara, pero se cuidó muy bien de no agobiarla porque lo que acababa de ver ya era más que suficiente para mantenerla silenciosa durante todo el fin de semana.

—¿Te vas? —preguntó ella aquel lunes en la mañana cuando lo vio hacer su maleta, y Leon se encogió de hombros antes de envolverla en un abrazo.

—Tengo que ir a echarle un ojo a la compañía, nena, que el título de conde no da dinero, así que hay que compensarlo con los títulos de la universidad, para algo tienen que servir —declaró él, dándole un beso en la frente, y Dandara se dijo que pocas veces se había topado de frente con un hombre tan seguro como aquel—. Y tú vas a portarte bien, ¿verdad? —le preguntó, levantando una ceja con un gesto sugerente, pero ella asintió con la mayor seriedad.

—Portarse bien es un concepto amplio —replicó Dandara—. Pero seré juiciosa.

Y aquella era una promesa que los dos sabían que jamás podía cumplir, porque su concepto de ser juiciosa solo era no tener un accidente mientras corría en uno de sus autos a doscientos kilómetros por hora.

Sin embargo, aquella mañana en particular ni siquiera aceleró un poco de camino a las oficinas. Su tía Noemi había rentado todo un piso en uno de los edificios más cómodos de Lucerna para instalar las oficinas tanto de los arquitectos como del resto del personal que conformarían el colegio.

De cierta forma, su trabajo también comenzaba, porque tenía que reclutar personal, entrevistarlos a todos y, como directora del nuevo colegio, hacer medio millón de trámites y papeleo.

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