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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 800

PRINCESA... DE DÍA. CAPÍTULO 70. Preguntas atoradas

Y esa definitivamente era una mala señal, porque Cameron y Noel se conocían lo suficiente como para que él supiera que su mejor amigo jamás hablaba por hablar. Sin embargo, no tenía ni la más mínima idea de que "no gustarle" era solo un eufemismo, porque, solo un segundo después, cuando el disparo de salida hizo que los autos se lanzaran hacia adelante a toda velocidad, Cameron sintió que el corazón se le subía a la garganta al ver la forma en que Dandara conducía.

—¡No me jodas, que esto siempre es así! —gruñó mientras sus nudillos se ponían blancos sobre la baranda, porque jamás había visto a Dandara conducir de una manera tan imprudente.

—Hoy va bastante bien, créeme que suele ser peor —bufó Noel con impotencia, y Cameron frunció el ceño porque aquello empezaba a cobrar un poco de sentido, especialmente la preocupación latente que había sentido en la voz de John Hopkins, aunque en ese momento no entendiera por qué.

La carrera continuaba, cada vez más peligrosa, mucho más tensa de lo que Cameron recordaba de las últimas veces que había visto correr a Dandara. Era imposible negar que estaba asumiendo riesgos que podían costarle la vida, porque la verdad era que una victoria o un auto destrozado le tenían sin cuidado.

Sin embargo, verla hacer un movimiento tras otro en aquellas curvas, adelantándose a otros autos en espacios tan pequeños que hacían saltar chispas en los costados de su coche contra los muros de seguridad... Aquello era demasiado para que pudiera soportarlo.

Cuando entraron en la última vuelta, iba en segundo lugar. A la pista le habían añadido cámaras especiales, y en una de ellas, incluso en cámara lenta, Cameron podía ver a Dandara sonreír, sabiendo que iba a hacer una maniobra que le daría la victoria.

Su corazón casi se detuvo cuando ella giró el volante a toda velocidad, metió el freno de mano en la última curva y casi tocó la defensa del auto que llevaba delante, justo antes de sobrepasarlo y pisar el acelerador a fondo.

Habían sido quizás solo unos pocos milímetros, demasiado pocos, que habrían podido costarle muy caro. Cameron la vio cruzar la línea de meta en primer lugar, gritando a todo pulmón y con la adrenalina a tope, sabiendo que aquella era una de las pocas cosas que la mantenían en pie, que la hacían sentirse viva después de todo el estrés que tenía en el trabajo.

—Ella siempre ha sido así —murmuró Cameron entre dientes, pero su amigo fue capaz de leer entre líneas.

—Lo sé, pero jamás se había comportado como ahora —gruñó en respuesta, cruzándose de brazos—. A Dandara siempre le ha gustado correr, ¿pero esto? ¿Ponerse en peligro de esta manera? Eso solo lo está haciendo desde que se juntó con Leon, él es el que le enseñó a hacer todas esas cosas, porque evidentemente está más desquiciado que ella.

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