REGLA # 1. CAPÍTULO 22. Un lindo oso en celo
Mariel despertó con el cuerpo entero adolorido, como si hubiera corrido una maratón y, al mismo tiempo, hecho una rutina intensiva de gimnasio. Soltó un quejido que resonó en la habitación mientras se sentaba en la cama, desgreñada y con los ojos entrecerrados.
—Ay, por Dios, eres una bestia, Leon… —murmuró, llevándose las manos a la espalda—. ¡¿Qué me hiciste?!
Leon, que ya estaba despierto y apoyado en el marco de la puerta con una taza de café en la mano, sonrió con una mezcla de suficiencia y diversión. No podía negar que le encantaba verla dormir, pero verla despertar en modo guerra era espectacular.
—De nada, preciosa.
Mariel lo fulminó con la mirada, pero ni siquiera tuvo fuerzas para sostener la expresión mucho tiempo. Agarró una almohada y se la lanzó con todas sus ganas… que en ese momento no eran muchas, así que la almohada apenas llegó a rozarle el pecho antes de caer al suelo.
—¿Eso es lo mejor que tienes? —se burló Leon mientras dejaba la taza sobre la mesa y avanzaba hacia la cama.
—¡No te voy a dar las gracias por un mal trabajo! —respondió ella, cruzándose de brazos con un puchero en los labios.
—¿Mal trabajo? —Él la miró con incredulidad y se tiró sobre la cama, tumbándola de espaldas. Sus manos se movieron rápidas y precisas hacia sus costados, y antes de que Mariel pudiera reaccionar, él empezó a hacerle cosquillas sin piedad.
—¡Ah! ¡Princeso, no, para… me duele todo!! —gritaba ella entre risas, tratando de zafarse mientras pataleaba inútilmente.
—¿Cómo te atreves a decir que hice un mal trabajo? —bromeó Leon, sonriendo ampliamente—. Tienes que reconocer la verdad, hadita. ¡Yo soy un maestro!
Mariel, todavía riéndose, logró tomar un respiro y le respondió con voz jadeante:
—Está bien, está bien… Es cierto… —Leon dejó de hacerle cosquillas y la miró con una sonrisa triunfante, pero Mariel se llevó una mano al pecho con dramatismo—. ¡Ahora me arruinaste para el resto de los hombres!
Leon apretó los labios, pero fue inútil tratar de contener la carcajada.
—Eso no es un problema mío, muñeca. —Se recostó a su lado, apoyando la cabeza en la palma de su mano mientras la observaba con esa mirada arrogante que a Mariel le encantaba y odiaba al mismo tiempo.
Ella se quedó en silencio un momento, mirando al techo con fingida preocupación. Luego, de la nada, dejó escapar un suspiro dramático.
—¡Joder, pero no es mentira! —murmuró en voz alta—. De verdad acabas de arruinarme. ¿Te imaginas después de tanto tiempo de perseguir al susodicho si ahora resulta que la tiene más chiquita que tú?
Leon se incorporó de inmediato, como si un cubo de agua fría le hubiera caído encima.
—¿Es una puta broma? —preguntó, y el tono serio en su voz hizo que Mariel soltara una risita nerviosa—. ¿Estás pensando en ese idiota?
—¡No… bueno sí…! ¡Ay, no te enojes! Es un pensamiento inocente… —intentó defenderse, pero Leon de repente parecía un ogro enfurruñado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....