REGLA # 1. CAPÍTULO 23. Entre clases y errores.
Mariel comenzó el día con un peso en el pecho, aunque no sabía si era por el cansancio acumulado, el café demasiado cargado que Leon le había preparado, o las constantes indirectas de Verena, quien había adoptado una actitud digna de villana de telenovela.
—Oh, Mariel, ¿no dormiste bien? ¡Tienes unas ojeras que parecen mapas de carreteras! —comentó Verena al verla entrar a la sala común con una bandeja de tostadas.
Mariel se limitó a sonreír de manera tensa, ignorándola. Estrategia de supervivencia número uno: no alimentar al troll.
—Debe ser el ruido de anoche… o algo más. No sé, no me meto en la vida de los demás —continuó Verena, revolviendo su té con la cucharita mientras lanzaba una mirada inocente a Leon, que acababa de entrar con las manos en los bolsillos y una sonrisa relajada.
—¿Todo bien aquí? —preguntó él, dirigiéndose directamente a Mariel mientras tomaba una tostada de su plato sin permiso.
—Perfecto —respondió Mariel, apretando los dientes. Leon, como siempre, se sentó a su lado, ignorando a Verena por completo, y esta soltó un suspiro exagerado y apoyó el mentón en la mano.
—Leon, ¿no crees que deberías ser imparcial? —preguntó con un tono dulce que en realidad estaba lleno de veneno—. Siempre tomas el lado de Mariel, como si fuera una princesa indefensa.
Leon le dedicó una sonrisa amplia y encantadora.
—Pues claro que tomo su lado. ¿No ves que soy su caballero de brillante armadura? —respondió, guiñándole un ojo a Mariel, que no pudo evitar reírse—. Es más cariño. ¿No quieres responderle lo del mapa de carreteras y eso?
Mariel le dirigió una sonrisa inocente y luego hizo un puchero.
—Bueno… si insistes… —suspiró girándose hacia Verena—. Las ojeras son de llorar. A mi marido casi siempre se le olvida lo grande que la tiene y me da en cuatro como si yo fuera de hierro… —murmuró como si no viera a su suegra y a Verena atragantarse—. Supongo que al final soy afortunada porque aún no se antojó de mi trasero… ahí sí que me mataría. ¡Jesús, Vlad el Empalador! ¡¿Te imaginas…?! Pero en fin, eso no significa que no duela…
Y mientras las toses crecían alrededor, Leon se levantó y tomó a Mariel de la mano, o de lo contrario acabaría atragantado él también.
—¡¿Quéééé?! ¡Tú me dijiste que le respondiera! —se defendió ella y la verdad fue que aprovecharon para escaparse el resto del día, como hacían últimamente porque la presencia insoportable de Verena solo les daba ganas de escapar.
La tarde llegó con un aire frío y soleado, perfecto para nuevas lecciones.
—¿Montar o conducir? —preguntó Leon mientras caminaban.
—¿Y qué tal si mejor duermo una siesta? —propuso Mariel con un bostezo; y Leon le lanzó una mirada de advertencia que la hizo reír—. Está bien, está bien. Montar.
Él sonrió a su vez y abrió la puerta de las caballerizas.
—Sube —dijo él, cruzándose de brazos.
—¿Te vas a subir conmigo? —preguntó Mariel.
—¿Te me quieres restregar? —la acusó Leon y ella lo miró como a un niño creído.
—¡Pero claro que no!
—Pues entonces vas sola.
—¡No, espérate, espérate! ¡Me restriego un poquito! ¡Un poquito! —lo llamó Mariel y Leon fingió toda la seriedad del mundo mientras se subía detrás de ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....