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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 928

REGLA # 1. CAPÍTULO 28. El final de una paciencia infinita.

—¡Ah, Leon! —dijo Verena con tono emocionado, aunque su mirada traía intenciones calculadas—. Espero que estés satisfecho con el inversor que conseguí para ti.

La cabeza de Leon se levantó de golpe, con una expresión de incredulidad; y Mariel, que estaba a medio sorbo de café, casi lo escupió al escuchar semejante descaro. ¿En serio estaba diciéndole eso?

Freda, por su parte, parecía sorprendida y mucho más interesada.

—¿Qué dijiste? —preguntó Leon, clavando los ojos en Verena—. ¿Tú tienes algo que ver con este inversor que apareció de pronto? —Él abría jurado que aquello tendría el nombre de Mariel escrito por todas partes, pero ahora Verena decía…

—Bueno, ¿quién más iba a ser? —respondió ella con una sonrisa complacida, ignorando deliberadamente el tono de su pregunta—. Sabes que haría cualquier cosa por ti, Leon. Cuando mencionaste la necesidad de un inversor, me puse a trabajar inmediatamente. No quería que te preocuparas.

Mariel dejó la taza en la mesa con más fuerza de la necesaria, provocando un tintineo que atrajo todas las miradas.

—¿Tú conseguiste al inversor? —preguntó Freda, con una ceja alzada. Aunque sus palabras parecían de curiosidad, su tono sugería aprobación.

—Por supuesto —respondió Verena, con una mirada autocomplaciente—. Hice algunas llamadas, hablé con las personas adecuadas. Ya sabes cómo es mi familia, siempre conectada con la élite. No me importa lo que tenga que hacer para ayudar a Leon. Siempre estaré ahí para él.

Mariel se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos en la mesa, y fijó la mirada en Verena con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Había que ser muy sinvergüenza para hablar con semejante soltura, y sobre todo con aquel desprecio que destilaba en cada palabra, pero no iba a enfrentarla como esperaba.

—Entonces no tendrás problemas en invitar a ese misterioso inversor al castillo, ¿verdad? —preguntó Mariel, con ese tono dulce que Leon sabía que era tan peligroso.

Verena parpadeó, sorprendida por la repentina propuesta, pero se recuperó rápidamente.

—Claro, no es ningún problema —respondió carraspeando, pero no se dejó intimidar.

No tenía ni la más peregrina idea de quién era el inversor, simplemente no podía perder la oportunidad de acercarse a Leon de alguna manera o de demostrar que ella sí era correcta para él.

Y después de todo su padre era uno de los hombres más prominentes del país, seguro conocería a quien había hecho la inversión, solo tenía que pedirle ayuda y listo.

—Genial —dijo Mariel, con una sonrisa genuina esta vez. Se recargó en su silla, como si se diera por satisfecha, y tomó otro sorbo de su café—. Así Leon podrá agradecerle personalmente.

Freda, que había estado observando todo con expresión calculadora, sonrió aliviada y volvió su atención hacia su hijo.

—¿Ves, Leon? Esa es la clase de mujer que necesitas a tu lado —dijo, señalando a Verena con una inclinación de cabeza—. Una que se preocupa por tus negocios, que sabe cómo moverse en tu mundo, no una que solo… te chupa el dinero.

Mariel dejó de beber su café en el acto, y una sonrisa peligrosa se formó en sus labios, viendo cómo su esposo se giraba hacia su madre con el ceño fruncido.

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