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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 929

REGLA # 1. CAPÍTULO 29. Ni cómo defenderse...

La biblioteca del castillo estaba silenciosa, iluminada por la luz cálida de una lámpara de escritorio, porque aunque todavía era de día, la tarde se había vuelto gris y fría.

Mariel estaba sentada frente a una pila de libros y su laptop, ajustando detalles en sus proyectos académicos; unos que ya no sabía si había hecho bien en atrasar para estar allí.

Era uno de los pocos momentos del día en los que lograba encontrar algo de tranquilidad lejos del caos que significaba la familia de Leon, y en eso precisamente estaba pensando cuando su teléfono vibró. Al ver el nombre en la pantalla, frunció el ceño y esbozó una sonrisa antes de contestar.

—Hola, Norman, ¿todo bien? —preguntó en tono bajo, apoyando el codo en la mesa y masajeándose la sien.

La voz de su abogado resonó con firmeza al otro lado de la línea.

“Señora Mariel, hemos recibido una nueva propuesta para el acuerdo. Creo que es lo suficientemente sólido como para aceptarlo. Ya hemos revisado los términos, aunque honestamente, podríamos conseguir algo muchísimo mejor”.

Mariel se quedó en silencio por unos segundos, mordiéndose el labio porque sabía exactamente lo que significaba esto.

—En eso estamos de acuerdo, así que vamos a redactar el acuerdo “mejor”, y los presentas los dos —sentenció—. Prepara al equipo completo, lo vas a necesitar para tu viaje.

“De acuerdo, señora. Le envío todo por correo para que me dé el visto bueno”.

—Perfecto. Lo reviso esta noche —respondió ella antes de colgar y se quedó un momento mirando el teléfono, procesando las implicaciones.

Jamás había sido arriesgada, ni mucho menos decidida, pero quizás… quizás el momento había llegado.

Leon, por su parte, había pasado todo el día intentando darle espacio, pero finalmente no pudo resistirse y dio un paso dentro de la biblioteca, donde ella estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta de su presencia hasta que él se inclinó sobre el respaldo de su silla.

—Hola, hadita —susurró Leon con una sonrisa traviesa.

Mariel dio un pequeño salto y giró para verlo, arqueando una ceja.

—¿Quieres matarme del corazón? —preguntó, cruzándose de brazos.

—De amor, si es posible, pero tú no te dejas —respondió él, moviéndose para sentarse en la mesa frente a ella. Miró los libros y la laptop con fingida seriedad—. ¿Qué es todo esto? ¿Estás construyendo un plan para dominar el mundo?

—Ni siquiera puedo dominar los cinco metros a mi alrededor, imagínate el mundo —respondió Mariel, cerrando su computadora con seriedad, y el futuro conde de Roshtchild juraba que habría hecho cualquier poca por hacerla reír.

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