REGLA # 1. CAPÍTULO 30. Tradiciones familiares.
El sol apenas había empezado a iluminar los jardines cuando Leon abrió los ojos. Se desperezó en la cama, mirando el techo de su cuarto con una mezcla de desgana y expectativa. Sabía que el día sería largo, pero no estaba preparado para la conversación que lo recibió tan temprano.
—Leon, necesito que vengas conmigo a la ciudad —anunció su padre, entrando en el cuarto sin previo aviso.
—¡Papá! —exclamó Leon sentándose en la cama y cubriendo a Mariel con una manta, aunque por desgracia no había nada que ocultar porque a la condenada le había dado por dormir más vestida que una monjita de clausura—. ¿Ahora? ¿Qué pasa? —preguntó con voz ronca.
El conde suspiró, cruzando los brazos frente a él.
—Documentos del castillo. Necesitan tu firma, y ya he pospuesto esto demasiado. No me hagas explicarlo todo, simplemente vístete y baja. Nos vamos en media hora.
Leon soltó un bufido, pero no discutió. Sabía que no tenía opción, y aunque no le agradaba la idea de dejar el castillo justo antes de la llegada del inversor, confiaba en que Mariel podría manejar cualquier cosa… o al menos eso esperaba.
El problema era que en su ausencia y sin medir lo peligroso que era molestar a la hadita, Freda y Verena parecían haber encontrado su nueva diversión. Desde temprano, ambas se paseaban por el castillo, dando órdenes y "organizando" todo para recibir al supuesto inversor. Y claro, “organizar” en su diccionario significaba cargar a Mariel con la mayor cantidad de trabajo posible.
—Mariel, querida, necesitamos que supervises la decoración del salón principal —dijo Freda con su tono azucarado pero venenoso—. ¡Oh, y asegúrate de que la vajilla esté impecable! Sabes lo importante que es causar una buena impresión.
Verena no se quedaba atrás.
—Ah, y no olvides revisar la lista de invitados. No querríamos que alguien importante se sintiera olvidado, ¿verdad? —dijo, mirando a Mariel con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Mariel, que llevaba el cabello recogido en un moño desordenado y las mangas de su camisa subida sobre los codos, apretó los dientes pero no dijo nada. No iba a darles el gusto de verla molesta, a pesar de que a lo largo del día las tareas se acumulaban.
Freda y Verena, mientras tanto, se dedicaban a pasearse por el castillo, probándose vestidos y peinados, "preparándose" para la llegada del misterioso inversor.
Y la confianza les duraba porque para empezar Mariel no se estaba quejando, y para seguir Leon y el conde no habían podido volver esa noche, aunque eso no significaba que no estuviera pendiente de ella.
“No podré volver hasta mañana, hadita. Lo siento mucho”, fueron sus primeras palabras en la llamada. “¿Están molestándote? Dime la verdad, Mariel.”
Ella, que estaba terminando de revisar las órdenes para el banquete, dejó escapar una risa seca y miró al techo antes de responderle.
—Molestarme es un arte en esta casa. Pero tranquilo, estoy dejando que tu madre se luzca. A ver hasta dónde piensa llegar.
Leon soltó un suspiro. Por un lado, estaba aliviado de que Mariel no estuviera perdiendo la calma, pero por otro, no podía evitar sentirse impotente al no estar allí para apoyarla.
“Déjame llegar y te aseguro que voy a resolver esto de una vez por todas. ¿Está bien?” —le pidió, pero por desgracia no sabía cuánto tiempo le tomaría resolver aquel asunto con su padre, y para cuando por fin lograron regresar al castillo, ya se estaban haciendo los preparativos finales.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....