REGLA # 1. CAPÍTULO 31. Un conde a su servicio
Leon frunció el ceño porque aquella respuesta sí que no se la esperaba. Mariel se veía agotada y él solo quería gritarle a su madre que se fuera al diablo, pero en lugar de eso, Mariel le decía que no quería salir de allí.
—Hadita, te dije que no tienes que hacer esto. Yo soy tu caballero de brillante armadura, ¿recuerdas? Yo me encargo de la bruja de la escoba si te molesta.
—¡Leon…! —exclamó Freda y él le dirigió una mirada severa.
—¡Ya vete, mamá! ¿No te alcanza con todo lo que has hecho mientras yo no estaba? —gruñó, pero Mariel puso una mano suave sobre la suya.
—Princeso, faltan horas para que llegue el famoso inversor, y con el frío que hace en este castillo, el calorcito de la cocina me hace bien. Creo que hasta me ayuda con las alergias —bromeó, pasándose una mano por el cabello, y Leon arqueó una ceja.
Eso sí que lo había notado. El frío de aquel castillo no era su mejor amigo.
—Bueno… si este es tu escondite oficial… —murmuró de repente avanzando hacia ella; y para sorpresa de Mariel, agarró un delantal colgado cerca y se lo puso con la mayor disposición—. Entonces me quedaré contigo —dijo mientras se lo ataba, claramente decidido.
Mariel no pudo evitar reírse.
—¿Y tú qué piensas hacer? ¿Hornear galletas?
Leon se acercó y se apoyó en la mesa, inclinándose para dejar su boca muy cerca de la suya
—Tú solo dame órdenes. Soy excelente siguiendo instrucciones, o al menos cuando vienen de ti —dijo con una sonrisa coqueta.
Y eso fue suficiente para que su madre acabara de explotar.
—¡Leon, no es apropiado que estés aquí! ¡Deberías estar alistándote! ¡Recuerda que el inversor está por llegar, y no creo que quiera verte en la cocina! —dijo enojada.
Leon ni siquiera giró la cabeza hacia su madre, su atención seguía fija en Mariel.
—Bueno mamá, ya sabes lo que dicen, un hombre debe estar siempre al lado de su esposa… detrás de su esposa… arriba… abajo… —Y aquella retahíla terminó mientras encontraba la boca de su esposa y la devoraba sin compasión, haciendo que su madre y Verena chillaran mientras se largaban de allí.
Mariel rio envolviéndolo en un abrazo y luego lo vio tomar un tazón y empezaba a revolver la mezcla que ella había dejado preparada.
—Ahora sí estás en problemas, alteza. Tu madre seguramente está planeando cómo desterrarme del castillo después de esto.
Leon se encogió de hombros, echando un poco de harina sobre la mesa para seguir jugando con la mezcla.
—Que planee lo que quiera. Aquí mando yo, ¿no?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....