Entrar Via

UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 933

Regla #1 CAPÍTULO 33. Una hadita artesana muy cabreada

Mariel apretó los dientes mientras escuchaba el caos que se desarrollaba fuera de la despensa. A través de las paredes, las voces llegaban entrecortadas, pero era imposible no captar el tono desesperado de Leon.

—¡¿Dónde está mi esposa?! —rugió con voz firme y llena de furia.

Mariel cerró los ojos por un momento, sintiendo una mezcla de frustración y ternura al imaginarlo buscando por todo el castillo. Al final algo de bueno tenía que la idiota de Verena la hubiera encerrado, y era que podía escuchar a su querido esposo a punto de incendiarlo todo por ella.

Pero la voz de Freda, arrogante e irritada, resonó inmediatamente después.

—¡Leon, basta de escenas! ¡Tienes que recibir al invitado!

—¡No voy a recibir a nadie sin Mariel! —respondió él, cortante.

Mariel suspiró al escuchar cómo las voces se elevaban más y más, mezclándose en un mar de acusaciones y órdenes. No importaba cuánto gritara desde donde estaba, sabía que con aquel escándalo nadie la escucharía. Mucho menos cuando pareció que el señor conde llegaba en persona para reclamar a su hijo.

—¡Cinco malditos minutos! ¡Ese hombre invirtió cien millones en nuestro negocio, al menos tienes que ser educado! —lo regañó su padre y aún así Leon salió de la cocina como si se lo estuviera llevando el diablo.

Mariel miró alrededor y respiró hondo porque sabía que tarde o temprano la iban a encontrar, pero no soportaba la idea de que Verena estuviera haciéndose la chica super poderosa y mintiendo frente a todos.

—Bien, Mariel, eres una mujer inteligente —se dijo en voz baja mientras observaba la pequeña despensa—. No necesitas que nadie te rescate. Saldrás de aquí sola.

Buscó en los estantes, evaluando sus opciones y luego miró la puerta de madera maciza. La cerradura debía tener como cien años y era imposible de abrir… pero no era el único anclaje a la pared.

Encontró un pomo de aceite en una estantería y lo derramó sobre las bisagras hasta que todo estuvo empapado, y luego pateó una estantería basta que una de sus patas se descompuso.

—Perfecto para un hada artesana —gruñó mientras comenzaba a empujar los pernos hacia arriba, golpeándolos con toda la fuerza que tenía y viendo cómo se movían unos centímetros.

—Vamos, vamos… —murmuró entre dientes, sudando mientras trabajaba.

Los golpes resonaban en la despensa, y cada vez que lograba aflojar uno de los pernos, sentía una chispa de triunfo.

Finalmente, con un crujido, el útimo saltó fuera de la bisagra y la puerta cedió. Mariel la empujó por el lado opuesto a la cerradura y salió apresurada, con el cabello despeinado y las manos manchadas de aceite, pero con los ojos brillantes de furia.

—¡Esto se va a poner muy interesante! —escupió mientras se ajustaba el delantal y se dirigía hacia el salón principal.

El mismo salón donde Verena ya estaba pasando por la segunda mayor humillación de su vida mientras trataba desesperadamente de salvar las apariencias.

—Por supuesto que conozco al inversor —cedíaella, con una sonrisa que parecía pegada a su rostro, y aunque su voz sonaba firme, la inseguridad se reflejaba en sus ojos.

Norman, imperturbable, la miró con una expresión neutral antes de responder.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD