REGLA # 1. CAPÍTULO 34: La verdad sale a la luz
El ambiente en el salón era tenso, cargado de miradas de reprobación y murmullos. Leon giró sobre sus talones y encaró a Verena, mientras su rostro parecía completamente encendido de la rabia.
Había estado buscando a Mariel como loco por todo el castillo, pero jamás había imaginado que Verena o su madre (porque esa opción no estaba del todo descartada), se atreverían a tanto.
—¡¿Eso es cierto?! ¡¿Cómo se te ocurrió encerrar a Mariel en la despensa?! —le espetó con una voz tan severa que hasta Freda dio un paso hacia atrás.
Verena, que ya había recuperado algo de su compostura tras la humillación anterior, negó con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—¿Encerrarla? No sé de qué estás hablando —respondió, cruzando los brazos con fingida inocencia—. ¡Seguramente Mariel inventó eso para hacerse la víctima! ¿¡No ves que siempre trata de manipularte con esa inocencia cuando es evidente que de inocente no tiene ni un pelo?!
Y Leon lo tenía más que claro: Mariel definitivamente no era de las que se dejaba pisotear, pero eso no la hacía menos inocente a sus ojos, así que avanzó un paso hacia Verena, apuntándola con el dedo.
—¿Inventarlo? ¡No me hagas reír, Verena! ¡Sabes perfectamente lo que hiciste! ¡Y te garantizo que no voy a dejarte pasar esto! —escupió.
—¡No hice nada! —Verena alzó la voz, furiosa—. ¿En serio me estás acusando, Leon? ¿Por qué siempre le crees más a ella que a mí!
Y Leon no dudó ni un segundo en hablarle como si fuera tonta, porque lo era.
—¡Porque es mi esposa, maldit@ estúpida, es mi esposa! ¡Por supuesto que le creo más a mi esposa que a nadie! ¡Incluyéndote a ti o a la bruja de mi madre!
—¡Leon…!
—¡Ay por favor no me digas que no lo disfrutaste tú también! —gruñó su hijo con tono imperturbable—. ¡Verena puede ser una impresentable pero a ti es a la que debería darle vergüenza la gente que traes a esta casa!
El tono de su voz hizo eco en el gran salón, dejando a todos sin palabras. Y Mariel observaba la escena tras él, cruzada de brazos, y sonriendo internamente al darse cuenta de cómo su esposo la defendía a pesar de no estar en la mejor situación en aquel momento.
Leon se giró hacia Mariel y la miró detenidamente de arriba abajo. Sus cejas se fruncieron al ver el estado en que estaba: la harina aún cubría su cabello, había rastros de aceite en su vestido, y su delantal estaba tan sucio que parecía que había salido de una batalla.
—¡Maldición, hadita…! —murmuró entre dientes mientras sujetaba su cara entre las manos—. ¿Estás bien?
—Estoy bien —respondió ella con calma, aunque su tono escondía una mezcla de enfado y cansancio.
—Lo siento mucho, nena. Esto ya rebasó todas las líneas… —gruñó él acariciando sus mejillas—. De verdad lo lamento, hadita, te juro que te voy a compensar por esto.
Mariel levantó los ojos hacia él y le hizo un puchero.
—¿Tú de verdad me crees?
Y la respuesta del futuro conde (o ya no) fue envolverla en un abrazo apretado sin importarle llenarse también de harina y aceite.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....