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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 935

REGLA # 1. CAPÍTULO 35. Esa Mariel Keller

El salón quedó sumido en un silencio absoluto. Todos los ojos estaban puestos en Mariel, que permanecía firme y serena frente a la incredulidad general. Su declaración había caído como un trueno en medio de la reunión, y ni siquiera el conde parecía capaz de reaccionar.

Aunque por supuesto, Verena no podía quedarse con aquella espina y muchísimo menos la arrogancia de Freda podía aceptar que se había equivocado tanto. Así que entre las dos rompieron el silencio, aunque sus voces eran más un par de chillidos indignados que un argumento válido.

—¡Eso es imposible! —exclamó Verena, con el rostro encendido de furia y humillación—. ¿De dónde sacaría una mujer como esa tanto dinero? ¡Esto tiene que ser un montaje!

Y Freda, como era de esperarse, no se quedó atrás.

—¡Exacto! —intervino, señalando a Mariel con un dedo acusador—. Seguro todo esto es una mentira para ganarte el favor, Leon. ¡Es imposible que alguien como ella sea la inversora! ¡Solo es una campesina!

Y Leon, que había estado haciendo acopio hasta de su último grado de paciencia, se dio la vuelta y las enfrentó con una sonrisa llena de lástima.

—¡Ay, por amor de Dios! ¡Cállense! —ordenó con una voz firme que resonó en las paredes del salón—. ¡No hagan más el ridículo!

Ambas mujeres se quedaron congeladas, pero Freda intentó protestar de nuevo.

—¡Pero, hijo...!

—¡He dicho que basta! —Leon alzó la voz, dejando claro que no toleraría más interrupciones. Luego miró a todos los presentes, con especial énfasis en su madre y Verena—. Mariel no tiene que demostrarles nada, pero si les interesa saberlo, la campesina se llama Mariel Keller, poniendo a un lado su amabilidad, su humildad y su modestia porque el puto corazón más grande que conozco, tiene más dinero que todas las personas en esta sala ¡juntas!

Los murmullos se extendieron como una ola por la sala. Algunos invitados intercambiaron miradas sorprendidas, otros sacaron sus teléfonos para buscar información, mientras Verena y Freda parecían petrificadas.

—¿Mariel Keller? —preguntó alguien al fondo de la sala, con incredulidad.

Y Leon asintió con un tono lleno de aburrimiento, porque lo que a todos les parecía extremadamente importante, él no lo había tenido en cuenta ni siquiera una vez para casarse con ella.

—Sí es Mariel Keller —exclamó alguien al fondo del salón— Miram encontré una foto suya.

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