REGLA # 1. CAPÍTULO 36. La familia política
Había mucho que decir, pero realmente ni una sola palabra le parecía en aquel momento importante a Leon. No tenía idea de cómo aquella hadita podía hacerlo sentir que estaba en un horno más grande que el de la cocina, pero así lo hacía sentir la condenada. Así que tomó los contratos de sus manos, y con una mirada firme se los devolvió a Norman.
Sin soltar la mano de su esposa, se inclinó hacia ella con una sonrisa llena de ternura.
—Todo esto podemos discutirlo después. Ahora mismo lo único que quiero es llevarte a que te pongas aún más hermosa. Aunque no sé si eso sea posible.
—¿Quieres que me quite la harina? —bromeó ella y Leon le puso los ojos en blanco.
—¿Estás loca…? Te la quiero quitar yo. –“Con la lengua”. Pero eso tuvo a bien no decirlo en voz alta.
Mariel lo miró alzando una ceja, con un atisbo de sonrisa asomándose a su rostro aún tenso por la confrontación, y siguió a leon hacia las escaleras, pero antes de que pudieran dejar la sala, la voz autoritaria del conde los detuvo.
—¡Un momento, Leon! Señorita Keller... digo… señora Rosthchild…
Leon se giró lentamente, apretando con fuerza la mano de Mariel, mientras esta se volteaba con una paciencia que apenas lograba mantener.
—¿Sí? —respondió ella con un tono neutral que no dejaba ver si estaba dispuesta a escuchar o si estaba al borde de otra explosión.
El conde adelantó un poco su silla, alisándose la chaqueta como si eso le devolviera la autoridad que acababa de perder.
—Todo esto fue un terrible malentendido —dijo con voz grave—. Somos familia después de todo, nunca quisimos faltarle al respeto.
Mariel inclinó la cabeza ligeramente, como quien observa a un niño atrapado en una mentira.
—¿Un malentendido? —repitió, dejando caer las palabras con una frialdad calculada—. Si de verdad me hubieran respetado al menos un poquito, señor conde, jamás habrían metido a la exnovia de Leon a vivir bajo nuestro mismo techo. Eso no es un malentendido. Es una humillación intencionada.
Freda, que estaba parada junto al conde, abrió la boca para responder, pero Mariel la cortó levantando una mano.
—No soy tonta, señora condesa. Soy joven, sí, pero no idiota. Verena no está aquí por ser amiga de nadie. —Mariel volvió la mirada hacia el conde—. Está aquí porque ustedes estaban haciendo hasta lo imposible porque ella fuera mi reemplazo; así que… espero que su familia pueda cubrir las inversiones que sus negocios necesitan, porque yo no voy a hacerlo.
El silencio que siguió fue como una bomba cayendo en cámara lenta. Los invitados, que intentaban fingir que no escuchaban, dejaron caer la máscara por completo y observaron abiertamente.
Y Leon no dijo nada. Su expresión era de puro orgullo mientras tiraba suavemente de la mano de Mariel.
—Ya está dicho, papá —sentenció con tono firme—. Ahora, si nos disculpan…
Los dejó atrás, subiendo con Mariel las escaleras mientras el murmullo en la sala crecía como un río desbordándose.
El conde miró a Freda con los labios apretados, y ella, a su vez, evitaba su mirada como si el suelo de repente fuera fascinante.
—¡Sácala de esta casa! —dijo el conde finalmente, refiriéndose a Verena.
—¿Qué…? —respondió Freda, escandalizada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....