Entrar Via

UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 937

REGLA # 1. CAPÍTULO 37. Un negocio en familia

El Vesubio podría haber entrado en erupción y arrasado con medio continente y ellos dos no se habrían enterado, porque cuando Leon Rosthchild decía que la iba a revisar lo decía en serio. Su lengua se hundió en su boca con desesperación, y un segundo después, sin decir otra palabra, la empujaba bajo la ducha y abría el agua, sin importarle que aquellos chorros pequeños y deliciosos cayeran sobre su ropa impecable.

—¿Qué haces? —preguntó Mariel, riendo suavemente al verlo empaparse en cuestión de segundos.

—Limpio lo que es mío —respondió él, con una sonrisa ladeada que hacía que su expresión pareciera a la vez juguetona y hambrienta.

Mariel se ruborizó, pero no retrocedió... porque la verdad no había para dónde. Leon la tomó por la cintura, acercándola más a él mientras el agua los envolvía en una cortina cálida.

—Sabes que juré y perjuré que no iba a pedirte esto hasta que tú lo pidieras primero… —rezongó Leon en voz baja y ronca junto a su oído—. Pero me retracto, hadita. Quiero pedírtelo. ¡Maldición, de verdad quiero pedírtelo! ¡Déjame hacerte el amor!

Mariel se mordió el labio inferior y su única respuesta fue encontrar su boca en un beso cargado de decisión, deseo y algo más profundo que no necesitaba ser nombrado.

Leon la levantó por las caderas, presionándola contra la pared de azulejos mientras el agua corría por sus cuerpos. Sus movimientos eran firmes pero delicados, como si estuviera sosteniendo algo precioso mientras la desvestía completamente y ella intentaba hacer lo mismo.

—Eres mía, Mariel —murmuró contra su piel—. Solo mía…

Y ella cerró los ojos, dejando que su nombre en los labios de Leon se mezclara con el sonido del agua. El tiempo pareció detenerse mientras sentía la forma brusca y deliciosa en que la penetraba. El gemido que salió de su boca resonó en los oídos de Leon, haciéndolo soltar un gruñido de satisfacción.

No sabía qué demonios le pasaba con aquella mujer, solo que de verdad quería que odiara a todos los demás hombres. Jamás había sentido un grado tan feroz de posesividad como aquel segundo en que se hundía en ella, en que sentía su piel arder contra la suya, en que el choque de sus cuerpos era violento, adorable, desenfrenado, tierno, inesperado… porque algo era seguro, Leon Rosthchild jamás había esperado, ni en sus mejores sueños, ni en sus peores pesadillas, que haría con ninguna mujer algo más que “follar”.

Pero su hadita era diferente, a ella le quería hacer el amor de la manera más brutal… pero con amor.

La sintió temblar, gemir, jadear mientras sus embestidas se hacían más violentas, y solo unos minutos después la escuchaba correrse escandalosamente contra su boca. Ni dos segundos tardó en alcanzarla, y para cuando por fin lograron recuperar el aliento los dos estaban riéndose como locos.

Leon cerró la ducha después de lavarle el cabello, tomó una toalla y comenzó a secarla con una ternura que casi parecía irreal teniendo en cuenta lo que acababa de hacerle.

—Eres hermosa —dijo, mientras pasaba la toalla por su cabello húmedo.

—Estoy hecha un desastre —respondió Mariel, sonriendo con timidez.

—Es el mejor desastre que he visto en mi vida. —Leon le guiñó un ojo antes de besarle la frente.

Después de secarla, abrió el armario y sacó un vestido de gala en tonos dorados que parecía hecho para resaltar la luz que Mariel siempre llevaba consigo.

—Este no es el vestido que planeaba ponerme —murmuró Mariel, sorprendida.

—Lo sé, pero lo hice traer esta mañana porque imaginé la forma más estúpida en que Verena o mi madre podrían amargarte la fiesta y creí que sería arruinando tu vestido —respondió Leon con un gruñido de impotencia—. Ni de lejos me imaginé que se atreverían a encerrarte en la despensa. ¡Si es que me dan ganas de…!

—¡Uy, no no, lobo feroz, todas las ganas te las quitas conmigo! —lo interrumpió ella—. Ni tu madre y mucho menos Verena se merecen un segundo pensamiento, así que vamos a olvidarlas. ¿de acuerdo?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD