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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 976

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 25. A salvo

Elías se subió al auto, y aunque su rostro no reflejaba una sonrisa, su mirada estaba llena de determinación. Nico se acomodó en el asiento del copiloto, echándole un vistazo con desconfianza. Sabía que su hermano no era de los que actuaban sin pensar, pero algo en su actitud esa noche le hacía pensar que estaba tomando una decisión importante, y no podía evitar preguntarse qué tan lejos pensaba llegar.

—¿De verdad vas a desquitarte con el padre de Chloe? —preguntó, sin rodeos.

Elías apretó el volante con fuerza, pero la respuesta salió rápido, sin dudarlo.

—No es un desquite, Nico —dijo, con tono grave, mientras sus ojos se centraban en el camino—. Es justicia, al menos un poco de lo que esa gente se merece. Y si no la hago yo, nadie lo hará. —Nico no parecía muy convencido, pero sabía que Elías no era de los que se detenían cuando habían tomado una decisión—. ¿Te imaginas qué habría pasado si Chloe no nos hubiera tenido a nosotros esta noche? —preguntó Elías, y vio a su hermano hacer un gesto de molestia—. ¿Te imaginas lo que le habrían hecho sin que pudiera defenderse?

Elías apretó los dientes. No podía dejar de pensar en cómo había sido esa noche, lo que vio, lo que sentía... lo que sentía por Chloe.

—¡Eso es lo que me da rabia! —espetó con un gruñido lleno de frustración—. Ni su propio padre habría hecho nada. estaba bajo su maldito techo y no la habría protegido porque solo se ocupan de la mentirosa de Claire, ella es todo lo que les importa a los Preston…

Nico no dijo nada al principio, pero sus ojos se entrecerraron, entendiendo mejor la situación.

—La verdad es que sí jode que la traten así, Chloe parece una buena chica, no se merece que la lastimen. Así que si estás decidido a ir por ese camino —dijo Nico, al fin—, yo te ayudo. Pero... recuerda que un inversor oculto no va a truncar el camino de nadie, Elías. No puedes ir contra los Preston con tu filosofía de “no me preocupo por nada en la vida”. Ahora, que si te pusieras de una vez el traje de Elías Keller…

Elías se quedó en silencio por unos segundos, pensativo. Su hermano tenía razón, el mundo era mucho más complicado que lo que parecía a simple vista y había cosas que solo se podían conseguir con la corbata correcta.

—Haré lo que tenga que hacer para conseguirlo —dijo con firmeza, casi como una promesa consigo mismo—. Y si eso significa ponerme un traje de pingüino y jugar a ser el CEO que nunca me ha importado ser… entonces lo haré.

Cuando finalmente llegaron al departamento, todo estaba en silencio; y apenas habían cruzado la puerta cuando Melisa salió al pasillo para encontrarse con ellos.

—Chloe se durmió —dijo su prima con una expresión más tranquila—. Pero está muy triste. No sé qué hacer para que se sienta mejor.

—Pues no es para menos —murmuró Nico.

—Gracias por cuidarla, yo me encargo a partir de aquí —dijo Elías como si fuera lo más natural del mundo.

—Me parece excelente, y en lo que te pueda ayudar solo me lo dices.

—OK, te lo digo ahora, dile a Odette que la necesito mañana aquí a primera hora, Chloe necesita ropa —sentenció y Melisa asintió con una sonrisa confortable.

—Yo me ocupo.

Nico también se despidió y Elías pasó la noche en una butaca de su habitación, sin apartar los ojos de Chloe y pensando en todo lo que tenía que hacer para poner en su sitio a todo el mundo. Llamó a algunas personas, hizo algunas averiguaciones, pero lo que más le preocupaba era cómo hacer que Chloe aceptara lo que estaba preparando para ella, porque sabía que si no arreglaba eso, nunca habría paz.

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