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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 978

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 27. Una sorpresa inesperada.

Chloe no podía dejar de pensar en las palabras de Odette. Seguía sentada en el borde del sofá, con los dedos entrelazados sobre las rodillas, tratando de encajar aquella idea, cuando escuchó que la puerta de la habitación se abría. Levantó la vista y por poco se le sale un suspiro involuntario.

Elías salía de su cuarto, abotonándose la chaqueta de un traje azul oscuro que le quedaba como si le hubieran tomado las medidas con regla milimétrica. La camisa blanca destacaba su piel un poco bronceada, y la corbata negra que llevaba ajustada al cuello lo hacía ver aún más alto, más elegante, más… Elías. Chloe se quedó mirando, sin darse cuenta de que estaba con la boca entreabierta.

—¿Te vas a quedar ahí mirándome o vas a ir a ponerte más guapa? —dijo él, con esa media sonrisa que le salía tan natural.

—¿Eh…? ¿Guapa? —repitió ella, parpadeando—. ¿A dónde vamos?

—Eso es sorpresa, así que ve arreglándote, terroncito, que quiero llevarte a un lugar especial.

Chloe no se lo hizo repetir, porque si se quedaba allí mirándolo la escena se iba a poner muy… intensa. Se metió al baño con el corazón latiéndole fuerte. ¿Un lugar especial? ¿Qué clase de salida era esa?

Cuando salió de la ducha, notó que sobre la cama había un vestido burdeos precioso, con un corte justo a la cintura y falda en A, de esos que parecían sacados de una pasarela pero sin exagerar. Era elegante pero dulce, muy ejecutivo.

A su lado, una caja de zapatos esperaba discretamente; obra de Odette, por supuesto. Esa mujer era rápida como un rayo y silenciosa como un gato. Chloe sonrió mientras se vestía, cuidando cada detalle. Se peinó el cabello, se puso un poco de maquillaje suave —lo suficiente para que no pareciera que se estaba arreglando de más, pero que aún así resaltara sus ojos—, y finalmente se puso los tacones.

Cuando bajó, Elías la miró y se quedó en silencio por unos segundos que parecieron eternos. No dijo nada al principio, y luego solo recibió una amable palmadita en la espalda de parte de su prima.

—¡Respira, idiota!

—Sí, ¡ejem! Eso… —carraspeño ajustándose la corbata—. Estás preciosa —dijo con tono grave y Chloe sintió que las mejillas se le encendían.

—Tú tampoco estás nada mal, pingüino —bromeó, intentando aligerar el ambiente y Odette se despidió de ellos mientras Elías les abría la puerta como un caballero.

—Vamos. El auto nos espera —le dijo a Chloe.

El camino fue tranquilo, con música suave y un par de comentarios sueltos. Elías parecía más serio que de costumbre, aunque no se le notaba tenso, solo concentrado. Chloe trataba de adivinar a dónde iban, así que se dedicó a observar por la ventana mientras la ciudad pasaba como una película. Finalmente el auto se detuvo frente a un edificio moderno, con ventanales altos y una fachada de vidrio reluciente. Un portero los saludó como si los esperara y Elías la guio hacia uno de los pisos superiores.

—¿Esto es una oficina? —preguntó Chloe, confundida.

—Es una de mis empresas. Ven conmigo.

Entraron. Subieron por el ascensor hasta el último piso, donde los esperaba una recepcionista que los saludó con una sonrisa ensayada.

—Señor Keller. Ya está todo listo como pidió, señor.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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